A lo largo de los años han surgido versiones de coches muy conocidos, pero que por un motivo u otro han sido exclusivas de un determinado mercado. El Ford Sierra XR-8, allá por los años 80, fue uno de estos casos, un auténtico “sleeper” sudafricano nacido por y para la competición.

Vuelve el Ford Sierra RS500 con una producción limitada a solo tres unidades

Era 1986 cuando vio la luz esta versión, que se coronó situó por encima de las ya deportivas versiones XR-4 y XR-6 (aunque por debajo del Siertra RS500), manteniendo el concepto de berlina de cinco puertas que aparentemente era un vehículo anodino pero en realidad escondía una mecánica de gran pegada.

Solo se fabricaron 250 unidades del Ford, todas ellas en color blanco, lo que contribuía a dar esa apariencia de normalidad a su imagen. Sin embargo, había ciertos detalles que dejaban claro que no mostraba todas sus cartas: el logo en la zaga, una parrilla específica diseñada para mejorar la refrigeración y el doble alerón trasero.

Dado que estaba pensado para competir, aunque fuera un modelo de calle, recibió una serie de modificaciones para mejorar su rendimiento.

Este Ford Sierra RS500 Proto devora subidas de montaña

La más notable afectaba a su motor, un bloque V8 de 5 litros que, liberado de las exigencias de emisiones que el modelo tenía en Estados Unidos, pudo ganar 25 CV de potencia extra para entregar 208 CV y 330 Nm de par máximo. Se asociaba a una caja de cambios Warner T5 procedente del Ford Mustang y algo perezosa, y a un sistema de propulsión trasera, lo que le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos y alcanzar una velocidad punta de 230 km/h.

Este bloque elevaba el peso del conjunto, por lo que también se reforzó la amortiguación en ambos ejes; mientras que el equipo de frenos procedía de Porsche y estaba formado por cuatro discos ventilados de 280 mm y pinzas de cuatro pistones.

Con todo ello, el Ford Sierra XR-8 se ganó una fama de ser un coche algo difícil, pues los cambios de marcha eran tediosos, los frenos podían llegar a bloquearse y tampoco iba excesivamente sobrado en materia de neumáticos.

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