Hay marcas que son especiales, no por tener un pasado glorioso en competición o haber hecho coches espectaculares (que también), sino por detalles que pasan desapercibidos para la mayoría del público, pero que dicen mucho de ese fabricante. Por ejemplo, la forma de denominar a sus modelos. Probablemente, no conozcas el curioso origen de los nombres de Lancia, pero su sistema tiene mucho que ver con el que emplea SEAT, que utiliza topónimos.
Lancia, una de las marcas de automóviles más emblemáticas, no sólo de Italia, sino en general, del sector. A lo largo de su dilatada historia, ha forjado su identidad no ya a través de su ingeniería innovadora, como también mediante la elección de nombres que evocan la riqueza de la cultura clásica. Poner un nombre a un modelo no es cualquier cosa, es una tarea que requiere mucho trabajo y esfuerzo, así como tener en cuenta muchos elementos. Por ejemplo, que suene bien y que no sea una palabra que tenga connotaciones negativas en algunos países.
El origen de los nombres de Lancia

El origen de los nombres de Lancia está en la Grecia clásica. Desde sus inicios, la marca turinesa ha recurrido a diversas fuentes de inspiración para denominar sus modelos, creando un legado único en la industria del automóvil. Una estrategia coherente que se ha mantenido a través de las décadas, generando una de las sagas más antiguas en el sector. Desde que se funda en 1906 hasta 1919, Lancia utilizó el sistema habitual de la época: los caballos fiscales, como 20 HP, o un número de proyecto, como Tipo 55.
Sin embargo, a partir de 1919, a compañía empezó a utilizar denominaciones inspiradas en la Grecia clásica, donde nace la filosofía y uno de los pilares de nuestra cultura occidental. Concretamente, fue Giovanni Lancia, hermano del fundador de la marca, Vincenzo Lancia, quien comenzó a usar el alfabeto griego para nombrar los modelos.
Giovanni era un apasionado de las lenguas clásicas y propuso este sistema. Desde entonces, se han empleado 20 letras del alfabeto griego, como Gamma, Delta, Beta, Ypsilon… y este método continúa hasta nuestros días. La nomenclatura helénica caló tanto en la marca que se acabaron por rebautizar los modelos más antiguos, como Lancia Alfa, Beta, Gamma…

Las letras griegas mantuvieron su reinado hasta 1929, con variantes para designar las versiones más potentes o especiales de algunos modelos. Así, en la década de los 20 del siglo pasado, se comercializaron automóviles con nombres como Lancia Trikappa o Lancia Dilambda. Sin embargo, volverían a los catálogos de la marca en la década de los 70, tras la entrada del Grupo Fiat en la compañía.
Nombres de calzadas romanas y personajes mitológicos

Lancia no usó siempre las letras del alfabeto griego para nombrar a sus coches. Entre 1930 y 1969, cambió de civilización, pasando de Grecia a Roma, y optó por nombres de calzadas romanas y ciudades de la región del Lacio, donde se encuentra Roma. Esta elección no sólo reflejaba el orgullo por sus raíces, sino que también conectaba a la marca con la grandeza del Imperio Romano.
Esta saga que empezó con los Lancia Artena y Astura de 1931, a los que siguieron otros con los nombres de la Vía Appia, la Vía Aurelia, la Vía Augusta, la Vía Fulvia o la Vía Flaminia. En este sentido, encontramos un paralelismo con el sistema que emplea SEAT para llamar a sus coches, utilizando nombres de ciudades y pueblos de España.

Lancia ha recurrido también a personajes mitológicos y palabras griegas o latinas para nombrar algunos de sus modelos más destacados. En esta tendencia, tenemos los ejemplos del Lancia Musa, el Lancia Stratos, el Lancia Phedra, o el Lancia Thesis.
Esta combinación de mitología, historia y lingüística ha permitido a la marca crear una narrativa única, en la que cada nombre cuenta una historia y refuerza su identidad como un fabricante de automóviles con un profundo respeto por la tradición y la innovación. Con más de un siglo de historia, Lancia sigue siendo un símbolo de elegancia, tecnología y cultura, y sus nombres continúan siendo un tributo a las raíces clásicas que han inspirado a generaciones de entusiastas del automóvil.









