El Corvette C8 ha acaparado titulares durante este 2019 por la llamativa decisión de pasarse al motor central, a rebufo de lo cual salieron de nuevo a la luz toda una serie de modelos de Chevrolet que ya habían optado por esta configuración (CERV I, CERV II, CERV III, XP-880 Astro II, Reynolds Corvette, etc.). Sin embargo, hay un integrante de esta dinastía más raro y del que poca gente ha oído hablar, puesto que desde su desarrollo permaneció guardado en un garaje hasta principios de 2018, el Chevrolet GS-IIb.

Los Chevrolet con motor central

Su historia empieza con Frank Witchell, Director de I+D de Chevrolet en los 60, que primero estuvo involucrado en el desarrollo del Corvair, lo que llevó a la creación del XP-777 Corvair Monza GT y del XP-797 Corvair Monza SS. Su buen desempeño hizo que tanto Witchell como su equipo recibieran un nuevo objetivo: crear una evolución del V8 central del Monza GT que se pudiera emplear en un deportivo ligero.

El nuevo modelo evolucionó de un prototipo del Corvair, pero Winchell lo consideraba parte de la familia Corvette, por lo que añadió la denominación a su nombre, llamándolo GS-II, por el ‘Gran Sport’ que Zora Arkus-Duntov aplicaba a sus Sting Ray. En su primera versión empleaba un monocasco de acero soldado por puntos y un motor V8 de aluminio de 327 pulgadas cúbicas, así como un convertidor de par.

Chevrolet GS-IIb

Por aquella época también vio la luz el CERV de Duntov, que acaparó todos los flases y la atención de la prensa, mientras que Winchell optó por una mayor discreción, poniéndose en contacto con Jim Hall, que tenía su propio circuito privado para realizar las pruebas. Éste, además, había empezado a trabajar en un chasis monocasco reforzado con fibra de vidrio para su equipo de carreras, y tenía curiosidad por el deportivo en desarrollo.

General Motors decidió destruir la primera versión del GS-II después de una breve sesión de pruebas y fue entonces cuando el GS-IIb nació, incorporando considerables mejoras sobre esta: su chasis monocasco estaba hecho de aluminio, dejaba hueco para unos neumáticos traseros más anchos y tenía un peso en seco de solo 658 kilos. Se mostró como un auténtico éxito desde su primer test, en el que alcanzó una velocidad punta de 318 km/h.

Chevrolet GS-IIb

Una carta de presentación más que interesante pero, dada la prohibición de la American Manufacturer’s Association (AMA) de participar directamente en competición a las marcas, sumada al final del programa del Corvette Grand Sport de Duntov (solo se fabricaron 5 de las 125 unidades planificadas), la propuesta de Winchell de crear una serie de 500 ejemplares para competición del Chevrolet GS-IIb cayó en saco roto y nunca llegó a materializarse.

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