Existe la creencia popular de que la motorización de la sociedad española fue orquestada por la llegada del SEAT 600 (prueba). Sin embargo, aunque el utilitario fabricado en España bajo licencia de Fiat fue una auténtica revolución de movilidad y símbolo del desarrollismo franquista de los ’60, lo cierto es que antes del Seílla los españoles se desplazaban en vehículos motorizados de cuatro ruedas.

Es en este escenario tan concreto, en la España de los ’50, donde surge el Biscúter, un microcoche ideado por Gabriel Voisin, un industrial francés con un pasado ligado a la aeronáutica que fue capaz de rivalizar con los hermanos Wright. La Segunda Guerra Mundial hizo mella en Europa y, mientras Estados Unidos gozaba de una era de abundancia, la maltrecha economía europea llevó a Voisin a reinventarse nuevamente, con el foco puesto en ofrecer una solución de movilidad barata y alternativa a las dos ruedas.

RM Sotheby’s

Por aquel entonces, los europeos se desplazaban principalmente en ciclomotores y motocicletas, generalmente de hasta 125 centímetros cúbicos. Los coches eran caros e incluso los productos de marcas generalistas estaban reservados a las clases pudientes. Surge así el segmento de los microcoches con vehículos como el BMW Isetta o el Messerchmitt, más pequeños y, sobre todo económicos, que cualquier otro turismo.

El microcoche Biscúter, papel clave en la motorización de la España de los ‘50

Voisin desarrolla a finales de la década de 1940 su propio microcoche para las clases populares urbanas. El Biscúter, por el contrario, no tiene la acogida esperada por el industrial francés, que ve cómo en su propio país no encuentra empresas decididas a comprar la licencia de fabricación, a pesar de poder haberse postulado como una opción por debajo del Citroën 2CV -conoce su historia-, que se lanzó al mercado en 1948.

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Por suerte, Voisin encontró el interés que estaba buscando en España, concretamente, en Barcelona donde la empresa Autonacional S.A. adquirió finalmente la licencia de fabricación del Biscúter en 1953. Producido en la planta de Sant Adrià de Besós, el microcoche francés fue equipado con el motor de la Hispano-Villiers, una unidad de 197 centímetros cúbicos que desarrollaba apenas 9 CV, aunque eran suficientes para una velocidad máxima de 65 km/h.

El Biscúter evolucionaría con el paso de los años para adaptarse a la situación de la economía y la sociedad española. Aún con todo, se vendieron unas 12.000 unidades de este pequeño vehículo urbano a lo largo de los años ’50, siendo Barcelona uno de sus principales mercados.

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En los albores de una nueva década, la de 1960, y en pleno apogeo del famoso desarrollismo español, surge una oleada de coches a precios muy competitivos que acabaron por destronar tanto a los microcoches como a las motocicletas en España.

Estos vehículos se fabricaban en Barcelona (SEAT), en FASA-Renault o en Vigo (Citroën) y fueron los que acabaron motorizando a todas las clases sociales españolas, aunque es importante no olvidar el papel que jugaron los microcoches, con el Biscúter al frente, en el desarrollo de la industria automotriz nacional.

Fotos: RM Sotheby’s