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Diez clásicos descapotables con los que perderse conduciendo

Es el momento de despertar emociones, de centrarse en los sentimientos y dejarse llevar por las sensaciones de conducir al aire libre, bajo un sol resplandeciente o contemplando el atardecer. Esta remesa de clásicos descapotables seguro que evocan estos sentimientos en ti y consiguen que la palabra conducir recobre su auténtico significado.

Déjate llevar hasta esa carretera serpenteante que bordea los filos imposibles de un acantilado continuo sobre el mar, o esa ruta perdida en un paisaje desértico donde el asfalto es la única muestra de que el hombre ha estado presente allí alguna vez. Ahora imagina que te gustaría conducir. Apuesto a que es un descapotable y que alguno de los clásicos que te traigo a continuación encajarían a la perfección.

Desde Alemania nos han seducido más de una vez con coches descapotables cuyas carrocerías eran robustas y musculosas, pero en este artículo encaja mejor el Porsche 911 Speedster de 1989, con su configuración biplaza y sus líneas sinuosas, así como su propulsor bóxer de seis cilindros y 3,2 litros. Una delicia escucharlo con la capota plegada. Y sin salir de Stuttgart un clásico Porsche 356 1600 C Cabriolet de 1965 puede ser la alternativa para los más puristas. Su motor no es de los más potentes, apenas 75 CV, pero las sensaciones que puede transmitir este modelo difícilmente lo igualarán otros más modernos.

Aston Martin es sinónimo de refinamiento y buen gusto. Sus variantes descapotables tal vez no sean las más conocidas, pero hasta James Bond los elegiría para devorar kilómetros al aire libre. En este caso, el Aston Martin DB6 Volante de 1967 se convierte en un candidato ideal. Es uno de los últimos Aston construido bajo la patente del carrocero milanés Touring Superleggera y del Mark I tan solo se construyeron 140 ejemplares. Sin duda, una joya única para conducir en busca del horizonte.

Aunque si de joyas británicas se trata, no hay nada como el Jaguar E-Type 4.2 Roadster de 1966. ¿Sabías que el propio Enzo Ferrari aseguró que era uno de los coches más bellos jamás fabricado? Pues si añadimos que sea de color verde, a ser posible verde British Racing, tendrás la combinación perfecta para una carretera sinuosa acompañada del rugir de sus seis cilindros alimentados por carburadores…

El Ferrari 575 Superamerica F1 de 2005 no ha tenido tiempo para ganarse el apelativo de clásico, pero este Cavallino es una buena opción si, además de estilo, demandas altas prestaciones. El propulsor V12 proviene de su predecesor, el 550 Barchetta, y gracias a unos ajustes produce 540 CV con la auténtica sinfonía Ferrari proveniente de sus tubos de escape.

Mercedes-Benz consiguió hace 60 años crear un descapotable que difícilmente se ha visto igualado por cualquier otro modelo dentro de la marca. El característico estilo del Mercedes-Benz 190 SL de 1955 proviene del legendario 300 SL Gullwing y, aunque no era tan potente, su diseño puede transportarte a los años 50, conduciendo por una de esas carreteras del sur de Italia.

Tan sólo dos años antes, Jaguar instauraba las bases del famoso E-Type con el Jaguar XK 120 de 1953. Su rendimiento era testado de madrugada en las autopistas del Reino Unido, cuando el tráfico era prácticamente nulo y no existían límites de velocidad. Su estética es más clásica que el de otros candidatos de esta lista, pero evocan la belleza de los vehículos de los años 20 gracias a esos anchos guardabarros, o las ruedas traseras integradas dentro de la carrocería.

El BMW Z4 es uno de esos deportivos descapotables que puedes comprar actualmente para disfrutar del buen tiempo, pero el primero de los Z es el más interesante. El BMW Z1 de 1989 ya se puede considerar un clásico, por lo menos por dar nombre a los descapotables biplaza del fabricante bávaro. En este vehículo lo más destacable es el mecanismo de apertura de las puertas, en vertical, hacia abajo y quedando la puerta oculta en la carrocería.

Los dos últimos suponen un gran contraste en cuanto a estilo y diseño. Por un lado, el Ford Thunderbird Cabriolet de 1964, un descapotable clásico de la cultura estadounidense dotado de un motor V8 de 6,3 litros. Por otro lado, el Austin-Healey BN1 de 1955, con una carrocería curva y musculosa construida por el fabricante británico Jensen. Ambos son buenos candidatos para su cometido, aunque aquí entra en juego las preferencias de cada uno. Personalmente, soy más de los roadster biplaza.

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Fuente: Classic Driver

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