Subes al coche y cierras la puerta. Oyes ese golpe reconfortante, firme e inquebrantable que confirma que has cerrado bien y puedes comenzar el trayecto. ¿Sabes que el sonido de la puerta de tu coche es completamente falso? Están diseñadas para que el ruido que hacen aparenten mucha más resistencia de la que tienen: todo es cosa de la ciencia.

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Es lo que se conoce como psicoacústica. O lo que es lo mismo: el estudio de las respuestas psicológicas, cognitivas y sensoriales asociadas al sonido. Se suele usar para determinar el volumen correcto de la música en los bares para incrementar el gasto o para diseñar los sonidos que hace tu teléfono cuando se bloquea, cuando escribes, cuanto te envía una alertas… Una información especialmente interesante para los fabricantes de coches: ¿qué marca no estaría interesada en saber cómo componer un sonido para atraer a más clientes?

¿Motor o puertas?

La aplicación práctica de la psicoacústica a la industria del motor ha descubierto que existe una asociación cognitiva entre el sonido y la calidad. Lo normal es que pensemos que esta relación la establece el sonido del motor, pero no es así: el origen hay que buscarlo en las puertas. La ingeniería del ruido que hacen las puertas al cerrarse tiene su origen diez años atrás: en aquel momento el aumento de las medidas de seguridad implicó que los fabricantes tuvieran que añadir barras a las puertas laterales para cumplir con las normas y esto afectó el sonido que hacían al cerrarse.

Sonido de las puertas

Según el Centro de Investigación Informática en Música y Acústica de la Universidad de Stanford, una de las primeras cosas en las que se fija un comprador cuando se sube a un coche en un concesionario es en cómo suena una puerta al cerrarse. Una sonoridad que da un sentido subconsciente de valor. Las marcas no tardaron en darse cuenta que diseñar el sonido correcto era su primera oportunidad para hacer que los clientes sintieran la calidad, la artesanía, la seguridad… y para justificar un precio más alto.

¿Sonidos secos o suaves?

¿Cómo dar con las notas exactas? Con práctica. La Universidad de Stanford llevó a cabo un experimento en el que un grupo de personas escucharon ocho sonidos diferentes y los calificaron de más a menos. En un principio pensaron que un sonido seco y corto de baja frecuencia se asociaría a un coche de gama alta: se equivocaron porque los sujetos dieron por hecho que se trataba de vehículos baratos y nada sólidos. La gente identificó el ruido bajo, suave y con algo de cola con los modelos más caros.

Sonido de las puertas

Con este punto de partida, los fabricantes se pusieron manos a la obra y descubrieron las claves para dar con la correcta sonoridad de sus puertas: no es cuestión de peso, está relacionado con el equilibrio óptimo entre la estructura, los pestillos y los sellos. A partir de aquí, cada marca tiene sus propios ingenieros de sonido que usan combinaciones específicas de materiales blandos y los aplican a las superficies metálicas de la puerta para absorber o bloquear el ruido no deseado y crear un sonido único. Después alteran el mecanismo de bloqueo para lograr el click correcto.

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Evidentemente, saber esto no nos ayudará a conseguir una sustancial rebaja en el precio de venta de un coche… pero sí nos ayudará a conocer las normas del juego de la psicoacústica que despliegan las marcas para dominar nuestras respuestas emocionales en la compra.

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