En 1995, Renault presentó un extraño concept en el Automobiles Classique de París y, posteriormente, en algunos desfiles de Louis Vuitton. Era el Renault Initiale, un prototipo que combinaba el diseño de una berlina con la amplitud de un monovolumen. El diseño era muy llamativo, aunque lo más impactante estaba bajo el capó: un motor V10 de Fórmula 1.
Los años 90 fueron una época de importantes cambios en la marca del rombo, después de una exitosa década de los 80. En Boulogne-Billancourt creyeron que había llegado el momento de hacer cosas nuevas y rompedoras, aunque no salieron como les hubiera gustado. Con esta premisa, desarrollaron modelos como el Renault Avantime y el Vel Satis, pero también otros que, finalmente, no llegaron a ver la luz, como el Renaul Initiale Concept que nos ocupa.
Renault Initiale, un diseño extravagante y un salón francés en el interior
El Renault Initiale era un prototipo a medio camino entre una berlina y un monovolumen con el objetivo de representar el buque insignia de la marca francesa. Lucía unas proporciones de lo más extravagante, con un frontal muy ancho, poca altura al suelo, un techo de tipo bóveda que permitía la entrada de mucha luz (al contrario que ahora) y una zaga muy vanguardista con un enorme portón del maletero.
El interior presentaba una configuración de cuatro plazas y una sensación de espacio muy grande gracias a la luminosidad. Utilizaba materiales de calidad como cuero cosido a mano y mesitas de madera en los respaldos de los asientos delanteros que contribuían a crear un ambiente de lujo. Como es habitual en los prototipos, el Initiale incluía algunas soluciones tecnológicas muy avanzadas para su época, como una pantalla en el salpicadero para ver películas o un teléfono.
Motor V10 de Fórmula 1
Aunque, lo realmente interesante de este prototipo de Renault, era su mecánica. Contaba con un motor V10 de 3.5 litros procedente de la Fórmula 1, concretamente, el Renault RS 6 de 1994 que pilotaron David Coulthard y Nigel Mansell. Desarrollaba una potencia de 394 CV y 360 Nm de par, asociado a una transmisión automática de seis velocidades. Esta configuración le permitía alcanzar los 300 km/h.
Lógicamente, de haber llegado a producción, habría recurrido a motores más modestos. No obstante, años más tarde llegó al mercado el Vel Satis, que ofrecía como tope de gama un motor de 3.5 litros, aunque en un bloque de seis cilindros en V y 241 CV. Además del motor de Fórmula 1, el Renault Initiale contaba con tracción integral y un sofisticado sistema de suspensión neumática.