Todos estamos de acuerdo en que en la historia de la automoción han existido coches que merecieron motores más potentes. Modelos míticos que no tenían un propulsor a la altura de su estatus. Sí, eran bloques grandes en su gran mayoría, pero se quedaban cortos de fuerza en comparación con muchos de sus competidores. En esta lista reunimos algunos de los más llamativos.
Ford Mustang
El (prueba) Ford Mustang no deja de ser uno de los históricos, pero en su cuarta generación creemos que forma parte igualmente de los coches que merecieron motores más potentes. Y eso que contaba con un bloque V8 atmosférico de gasolina con 4,6 litros de cilindrada.
Sin embargo, esta versión de mitad de los '90 solo disponía de dos motorizaciones, a cada cual más decepcionante. El básico tan solo entregaba, V6 de 3,8 litros mediante, algo menos de 150 CV. Mientras que el V8 mencionado anteriormente superaba por poco los 200 CV.
Chevrolet Corvette
Precisamente el de la también cuarta entrega del (prueba) Chevrolet Corvette, conocido popularmente como C4, es un caso muy similar al del Mustang anterior. Un coche americano con un motor bastante grande, un 5.7 atmosférico de gasolina con 8 cilindros en V, pero poca potencia.
En esta ocasión son poco más de 200 CV, que en comparación con la variante actual, la cual alcanza los 495, suena a broma de mal gusto. Lo suyo es que, dada la época, hubiera podido disfrutar al menos de 300. Aun así, gracias a su ligereza, alcanzaba los 100 km/h desde parado en 6,4 segundos.
Plymouth Prowler
Un motor atmosférico V6 de gasolina con 3,5 litros de cilindrada debería ser suficiente para cualquier coche. Al menos a día de hoy. Pero al ejemplar que ves en la foto superior no le servía debido a su corta potencia. Es un Plymouth Prowler, por cierto, por si no tienes el gusto de conocerle.
Uno de los modelos más emblemáticos de finales de los '90 que suponía un guiño a los hot rods de la década de los '30. Sin embargo, sus poco más de 200 CV de potencia no eran lo que aparentaba este norteamericano. Poco después de su lanzamiento aumentó hasta los casi 250 CV... pero no fue suficiente.
Subaru BRZ
El (prueba) Subaru BRZ, al igual que su 'hermano de otra madre' el Toyota GT86, es un coche excepcional si lo que buscas es divertirte al volante. Ahora bien, su mayor hándicap es contar con un motor bóxer atmosférico de gasolina con 2,0 litros de cilindrada y unos 200 CV de potencia.
Bien es cierto que esos 'potros' pueden parecer más que suficientes... pero eso es solo si lo revolucionas a base de bien. A bajas vueltas es bastante perezoso y la actualización le ha sentado de lujo precisamente por el aumento tanto de cilindrada como de potencia. Aun así, sus 200 CV le sirven para hacer 'drift'.
Mazda MX-5
El (prueba) Mazda MX-5, en cualquiera de sus iteraciones, es uno de los coches más divertidos de conducir que han existido jamás. No obstante, la segunda generación adolece de una falta de potencia que, si fuera algo mayor, podría haber elevado dicha diversión a cotas muy superiores.
Así, podías elegirlo con una potencia máxima de 140 CV. Una cifra más que suficiente para disfrutar subiéndolo de vueltas, y también para moverlo con soltura y/o deslizar su zaga. Pero como a nadie le amarga un dulce, 40 CV más no le hubieran hecho daño a nadie. Como pasa con el actual, de hecho.
Toyota Paseo
A mediados de la década de los '90, Toyota tuvo en su gama un coupé de lo más extraño y con un nombre que sonaba a chiste: Paseo. Y eso era precisamente lo que podías hacer con él, puesto que con 90 CV no reunía los requisitos para disfrutar lo suficiente en una carretera de montaña.
Eso sí, aunque se trate de uno de los coches que merecieron motores más potentes, este japonés contaba con una estética bastante atractiva para su época. Un coupé que se quedó a las puertas de ofrecer lo que pretendía en realidad. Seguramente por eso no triunfó a nivel comercial.