Durante el pasado Concorso d'Eleganza Villa d'Este 2026, un Ferrari 250 GTO (prueba) recibió un galardón. Hast aquí, nada extraño. Es normal que uno de los clásicos más destacados de la historia de la marca reciba un premio. Pero no era uno cualquiera, sino el de ‘Mejor Restauración’. Porque este Ferrari 250 GTO estuvo 15 años abandonado en un granero y hoy reluce como cuando salió de Maranello.
El chasis de este 250 GTO tiene el número 3589 GT y su historia merece la pena contarla. Llegó a Inglaterra en 1962, a las instalaciones de Maranello Concessionaires. De los 36 GTO Serie I fabricados, este era uno de los seis únicos ejemplares con volante a la derecha, acabado en azul oscuro con finos acabados en blanco que enmarcaban la característica parrilla delantera en forma de ‘boca de pez’.
La increíble historia del Ferrari 250 GTO abandonado durante 15 años en un granero
Fue la configuración que eligió su propietario, Tommy Sopwith, fundador de Equipe Endeavour, que lleva el nombre del yate con el que su padre, el legendario Sir Thomas Murdoch Sopwith, intentó ganar la Copa América. El piloto estrella del equipo, Mike Parkes, esperaba ponerse al volante del 250 GTO. Lo estreno en Goodwood en abril de aquel año. Y, a partir de entonces, se lanzó en intenso programa de competición que le valió numerosas victorias de clase y absolutas, la primera de ellas en Silverstone, en el Scalextric International Trophy.
Menos de 12 meses después de llegar a Inglaterra, el chasis 3589 GT emprendió otro viaje, esta vez por aire, rumbo a Victoria, Texas, para unirse al equipo Rosebud Racing de Tom O'Connor. Su nuevo propietario lo puso inmediatamente en manos de una de las figuras más formidables de las carreras de GT, Innes Ireland, quien lo pilotó en circuitos como Nassau, Phoenix y Daytona, junto al piloto Richie Ginther en las carreras de resistencia.
De las carreras a la escuela… y al granero
En menos de dos años, el GTO participó en decenas de carreras con resultados dispares, hasta que O'Connor decidió donarlo al programa de ingeniería mecánica de la escuela secundaria Victoria. Allí, los estudiantes que practicaban el montaje y desmontaje de motores se encontraron de repente con un motor V12 de 3.0 litros diseñado por Colombo. Seis años después, la escuela se desprendió del coche.
Lo adquirió un comerciante de Ohio, que no sabía qué hacer con él, y lo dejó en el mismo remolque con el que lo había traído desde Texas, estacionado en un granero detrás de su garaje durante 15 años. Fue entonces cuando Frank Gallogly, de Nueva Jersey, lo vio, lo compró y, en 1988, lo vendió al renombrado coleccionista suizo Englebert Stieger, quien realizó una profunda restauración, sustituyendo la carrocería por una réplica artesanal.
Regreso a sus raíces
Tras más de 30 años en las mismas manos, el chasis 3589 GT del Ferrari encontró un nuevo propietario en el este, aunque su destino real era Maranello: un viaje de vuelta a sus raíces. El trabajo se confió a Ferrari Classiche, que restauró fielmente cada componente mecánico según sus especificaciones originales, reemplazando o incluso recreando las piezas desgastadas.
Sorprendentemente, el motor y la caja de cambios eran las mismas unidades montadas en el coche cuando salió de fábrica, algo casi inédito en un coche de carreras. El mayor logro de la restauración fue la recuperación de la carrocería original, que, aunque desgastada y repintada de rojo, Stieger había conservado con sumo cuidado. Una vez restaurada, Ferrari Classiche volvió a montarla sobre el chasis sin mayores complicaciones, prueba de que el 3589 GT nunca sufrió un accidente grave en su trayectoria deportiva.