Un Bugatti Veyron de tracción trasera parece, a primera vista, una mala idea: semejante potencia viene de serie con tracción a las cuatro ruedas para poder digerida de una manera más o menos, segura. Sin embargo, como han demostrado nuestros protagonistas con su transformación, un Veyron de propulsión es sinónimo de diversión.
Hablamos de Houston Crosta y Royal Exotic Cars, el primero fundador de la segunda, una empresa de alquiler de vehículos de lujo de Las Vegas. Tanto él como su equipo de mecánicos tienen bastante experiencia y vieron en su Bugatti la oportunidad de crear algo que hasta entonces no se había hecho (al menos que nosotros sepamos) y que iba a revolucionar las redes, con la publicidad que esto conlleva.
Seamos sinceros, acometer semejante trabajo de transformación en un modelo que vale millones, es una apuesta arriesgada, pero el propio Crosta explica que se trata de una operación que ya habían desarrollado con anterioridad, concretamente en un Lamborghini Gallardo al que transformaron en un 4x2. El motivo de fondo (publicidad a un lado) para hacer el cambio se debe a que consideraban que el sistema de tracción integral era demasiado pesado, lo que hacía que el Veyron fuera demasiado lento.
Como es de esperar, el proceso no es sencillo para nada. Tuvieron que desmontar gran parte de los componentes del hiperdeportivo, y la mayoría de los esfuerzos se centraron en el reemplazo del diferencial delantero. Eso sí, una vez superada esa etapa, el resto tampoco les trajo demasiados quebraderos de cabeza.
Lo mejor es el resultado, y es que este Bugatti Veyron de tracción trasera es posiblemente la máquina de hacer donuts y quemar rueda más cara del mundo, con una facilidad inédita a la hora de devorar neumáticos, algo que tampoco es que sea muy barato si tenemos en cuenta cuánto cuestan los juegos de ‘gomas’ del Bugatti.