El próximo 6 de junio el Papa visita España. Será la primera vez que León XIV esté en nuestro país como sumo pontífice y la primera visita que hace el jefe de estado del Vaticano desde 2011, cuando Benedicto XVI presidió la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Mucho antes, también estuvo en la tierra de la Piel de Toro el Papa Juan Pablo II y SEAT tuvo que improvisar un papamóvil en tiempo récord con un Panda.
Ocurrió en 1982, durante la primera visita de Karol Wojtyła a España. El papamóvil que había preparado el Vaticano no cabía por los accesos del Santiago Bernabéu ni del Camp Nou, así que la marca española se las ingenió para transformar un Panda en un vehículo abierto preparado para que el Papa pudiera saludar a miles de fieles desde el centro de los estadios.
El coche oficial del Vaticano no cabía en los accesos a los estadios
Juan Pablo II visitó España entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre de 1982, un viaje que incluyó actos de gran dimensión en Madrid y Barcelona, en los que estaba previsto utilizar el vehículo oficial del Vaticano, de mayor tamaño y preparado para los desplazamientos públicos del romano pontífice. Sin embargo, durante las comprobaciones previas apareció un obstáculo: el coche no podía acceder al interior de los estadios debido a su tamaño.
La comisión del Vaticano que preparaba la visita detectó el problema al revisar los recorridos y era necesario que Juan Pablo II llegara motorizado hasta el centro del campo para poder saludar a los fieles. Entonces, el estado pontificio contactó con las autoridades españolas para buscar una solución y el encargo llegó a SEAT. En sólo 15 días, la marca tenía que preparar un vehículo pequeño, manejable y suficientemente visible para cumplir una función muy concreta. Las medidas marcaban el camino y el modelo que encajaba era el Panda.
Un equipo de técnicos asumió el reto en la fábrica de Zona Franca, en Barcelona. No había tiempo para un desarrollo convencional ni para trasladar el proyecto al Centro Técnico de Martorell, que por entonces trabajaba intensamente en el futuro SEAT Ibiza. La transformación debía hacerse casi artesanalmente y a contrarreloj, dando como resultado una pieza única.
SEAT transformó un Panda en un papamóvil en tiempo récord
Partiendo de un SEAT Panda, los técnicos crearon una versión abierta adaptada a las necesidades del Papa. Transformaron el popular utilitario en una especie de pick-up, sin ventanillas laterales, con el parabrisas abatible y con una plataforma posterior reforzada desde la que Juan Pablo II pudiera permanecer de pie.
Asimismo, instalaron barras acolchadas, para que el Papa pudiera sujetarse y una pequeña plataforma escamoteable en la parte trasera para facilitar el acceso. La imagen exterior se completó con la pintura blanca, las banderas del Vaticano y de España sobre las aletas delanteras y los escudos pontificios en las puertas.
SEAT incorporó además algunos elementos estéticos procedentes del Panda Marbella, la versión más distinguida del modelo, presentada ese mismo año, como los pasos de rueda ensanchados y la nueva calandra. Los tapacubos procedían del SEAT Ronda Crono 1600 y estaban decorados con unas falsas palomillas en forma de cruz, un pequeño tributo a la iglesia católica.
En el interior también se recurrió a componentes del Panda Marbella, como el volante, la consola central y los asideros de las puertas. Los asientos delanteros eran los del Panda convencional, tapizados en blanco y sin reposacabezas. Esa ausencia no era casual porque permitía dejar completamente despejada la visión de la plataforma posterior, para que el Papa pudiera ser visto desde todos los ángulos. Otro detalle singular era el retrovisor interior, montado sobre el salpicadero para seguir siendo operativo incluso con el parabrisas abatido.
Un papamóvil pequeño, abierto y cercano
Finalmente, el SEAT Panda papamóvil cumplió finalmente su misión el 3 de noviembre en Madrid y el 7 de noviembre en Barcelona. Recorrió los estadios abarrotados con Juan Pablo II de pie en la parte trasera, saludando y bendiciendo al público. Como no estaba blindado, su uso quedó limitado a recintos controlados. No era un vehículo pensado para grandes desplazamientos ni para recorridos urbanos abiertos, sino para una función muy concreta dentro de los estadios.
Precisamente, ahí está buena parte de su encanto. En una época en la que el concepto de papamóvil empezaba a estar cada vez más marcado por la seguridad, especialmente tras el atentado sufrido por Juan Pablo II en 1981, el SEAT Panda ofrecía una imagen distinta. Era pequeño, abierto, cercano y casi doméstico. Frente a los grandes vehículos oficiales, transmitía una proximidad inmediata con el público.
Actualmente, el SEAT Panda papamóvil se conserva en la famosa Nave A-122 de SEAT, donde la marca española almacena numerosas modelos de toda su historia. Según Isidre López, responsable de SEAT Históricos, el coche se mantiene tal y como quedó en 1982, “lo único que se han cambiado son los neumáticos, porque después de 40 años estarían inservibles”. El resto del coche, añade, “se ha mantenido y se ha conservado sin repintar nada, respetando todos los trabajos que se hicieron en aquel momento”.