Muchos aficionados al motor sueñan con conducir un Ferrari alguna vez en la vida. Quien tiene la suerte de cumplir ese sueño, seguro que el sabor de boca nunca lo olvida el resto de su vida. El caso del presentador británico es diferente. A lo largo de su carrera se ha puesto al volante de unos cuentos. El último no parece que le haya gustado mucho. Jeremy Clarkson ha probado el Ferrari 296 Speciale A y le ha sacado varios defectos. Nos queda claro que le gustó mucho más el Porsche 911 GT3 Touring.
En su columna en The Sunday Times, Clarkson ha viajado a Italia para conducir el superdeportivo italiano. El Speciale es la versión más potente y aligerada del 296 GTB. Tiene 881 CV, pesa 60 kg menos y la carga aerodinámica es un 20% superior. La ‘A’ viene de Aperta, es decir, que es descapotable.
En primer lugar, se alegra de que Ferrari no haya instalado una pantalla gigantesca, aunque, al mismo tiempo, critica que coloque todos los botones en el volante: “Son pequeños, incómodos de manejar y molestos, pero al final conseguí desactivar las advertencias y llegó el momento de indicarle al navegador adónde me dirigía”.
Jeremy Clarkson señala que el Ferrari 296 Speciale A es muy rápido, pero tiene algunos problemas: “El radio de giro es pésimo, el techo hace ruido al plegarse y lo mismo ocurre con la suspensión al pasar por un bache”. Tampoco le convence mucho el motor híbrido: “Cuenta con un motor V6 biturbo de 3.0 litros y un motor eléctrico que funcionan conjuntamente para proporcionar la potencia. Pero se nota cómo funciona esta ‘magia ecológica’ de hoy en día, y al cabo de un rato empecé a entender a qué se refieren Lando Norris y Max Verstappen cuando se quejan de los coches actuales de Fórmula 1. Toda esa sofisticación simplemente no es necesaria”.
Otro problema que encontró el popular presentador fue circular con el coche por las calles estrechas de algunos pueblos italianos: “A veces era necesario dar la vuelta en tres maniobras al girar a la izquierda o a la derecha”. Luego hizo una maniobra marcha atrás “tremendamente difícil, en parte por la anchura del coche y su pésimo radio de giro”. Aunque lo que menos le gustó fue la mecánica híbrida: “Recorría unos cuantos metros con las baterías y luego, sin previo aviso, se ponía en marcha el motor”.
“El ruido que hacía al ocurrir esto, sobre todo en aquellas callejuelas, era como el del Krakatoa. Era tan fuerte que tiraba a la gente de sus sillas de ruedas. Y pasaron dos días hasta que encontré un botón oculto en el volante que permite conducir con el motor adecuado encendido de forma permanente”.









