En 1921, un grupo de ingenieros alemanes diseñaron la que podríamos definir como la motocicleta más loca que se ha fabricado jamás. La Megola era una moto de competición muy peculiar: tenía un motor radial de cinco cilindros… dentro de la rueda delantera, en lugar de en la parte trasera del chasis.

El motor se ponía en marcha empujando la moto o girando la rueda delantera. Carecía de embrague y caja de cambios, aunque su potente motor compensaba con creces la falta de una transmisión variable. Tampoco tenía punto muerto, así que no se podía parar, porque significaba que el motor se apagaba. Los pilotos de carreras no se paraban nunca, daban vueltas al circuito hasta que comenzase la carrera.

Megola

El chasis consistía en una estructura de acero en forma de caja, soldada y remachada. Su sección delantera albergaba el combustible, que se bombeaba a un depósito auxiliar montado en el lado derecho de la horquilla delantera de ballesta. Cada uno de los cinco cilindros giraba alrededor del eje de la rueda, como los motores de los aviones de la Primera Guerra Mundial. El motor, de 640 centímetros cúbicos, giraba a 960 vueltas, mientras que la rueda lo hacía a unas 600. La moto tenía un freno de tambor ubicado en la rueda trasera.

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A pesar de su peculiar apariencia, la Megola tuvo un buen desempeño en competiciones (incluso contó con un equipo oficial), alcanzando la versión de carreras una velocidad máxima de aproximadamente 137 km/h, un registro espectacular para una moto en los años 20. Sólo se produjeron unas 2000 unidades durante los cuatro años que estuvo en producción y hoy en día los pocos ejemplares que sobreviven son muy apreciados por los coleccionistas.

Fotos: Bonhams.

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