Un coche para la clase trabajadora

En los años 30, Citroën no pasaba por un buen momento. El genial André Citroën murió en 1935 y Michelin se hizo cargo de la compañía, poniendo en la dirección a Pierre-Jules Boulanger. Fue este quien convenció al fabricante de neumáticos de construir un coche económico y sencillo para motorizar a la clase trabajadora que todavía utilizaba la tracción animal en las zonas rurales de Francia.

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