Uno de los personajes más relevantes que ha tenido la industria del automóvil ha sido Ferdinand Piëch. El que fuera presidente del Grupo Volkswagen dejó un legado muy importante tras su muerto, como el Audi Quattro, el Porsche 917 o el Volkswagen Phaeton, así como ideas locas, como meter un V12 TDI en un Audi R8, aunque nunca llegó a producción, pero sí en el Audi Q7. Pero Piëch fue también el padre del motor W16 que terminó en el Bugatti Veyron. Antes, ese W16 se probó en secreto en un Lamborghini Diablo.
Como es sabido, Ferdinand dibujó el primer boceto de un motor en W mientras viajaba en un tren bala en Japón en 1997. En aquel momento, Bugatti todavía no pertenecía a Volkswagen. Dos años más tarde, en el Salón de Frankfurt de 1999 se presentó el primer prototipo del Veyron, el 18/3 Chiron, con un W18 de 6.2 litros. Finalmente, la firma de Molsheim optó por un W16 de 8.0 litros más “moderado”, con cuatro turbocompresores en lugar de un sistema de aspiración natural.
El motor W16 se probó en un Lamborghini Diablo
Pero, antes de todo eso, hubo que probar el motor. En 1998, el Grupo Volkswagen adquirió los derechos de Lamborghini y, antes de que se construyeran los prototipos del Veyron, cogió un Lamborghini Diablo, le arrancó el motor V12 y lo sustituyó por el W16 en desarrollo. Exactamente, utilizó un Diablo SV actualizado, de ahí la ausencia de los faros escamoteables que se eliminaron en 1999.
El Diablo con motor W16 se conserva en el museo Autostadt, junto a la fábrica de Volkswagen en Wolfsburg. Estéticamente, podría pasar por un coche de una carrera de resistencia. Este motor se instaló posteriormente en otros dos prototipos, el Bentley Hunaudières de 1999 y el Audi Rosemeyer de 2000. Volkswagen también tenía algunas ideas propias, como el Nardó de 2000, aunque este se “conformaba” con un W12.
Fotos: Autostadt.