Uno de los superdeportivos más emblemáticos de todos los tiempos es, sin lugar a dudas, el Ford GT. Y es que Ford se cercioró de crear un vehículo capaz de rivalizar con los Ferrari de antaño en Le Mans, y finalmente aquella idea no solo les permitió alzarse con la victoria, sino también crear una variante de calle.
A día de hoy, podemos gozar de la tercera generación del Ford GT, la cual ya se ha encargado de arrebatar corazones, aunque se ha topado con uno difícil por el camino. Y es que el característico probador de coches, Jeremy Clarkson, se ha puesto a los mandos de la bestia de Ford.
Jeremy Clarkson se pone a los mandos del Ford GT
Es inevitable, y rápidamente el periodista inglés compara al superdeportivo americano con sus rivales de este lado del charco. Los Lamborghini y Ferrari contemporáneos buscan dejar en evidencia al Ford GT, pero Clarkson no tiene tan claro que eso sea fácil.
Mientras que un Ferrari es a los ojos del ex-presentador de Top Gear un vehículo delicado, el GT es una bestia dispuesta a dejarse hacer de todo y más. Es bruto, rápido y deportivo como pocos, adjetivos que encajan a la perfección con el apartado mecánico del superdeportivo de Ford.
Y es que detrás de su imponente apariencia -la cual es demasiado exagerada para Jeremy Clarkson- se esconde un propulsor V6 EcoBoost de 3.5 litros que rinde 655 CV y 750 Nm de par, aunque actualmente algo más gracias a un restyling al que lo sometió la marca.
De esta forma, el Ford GT asegura un 0 a 100 en 2,9 segundos y una velocidad punta de 347 km/h, todo ello posible gracias a una trabajada aerodinámica y a un contenido peso. Sin embargo, ya sabemos cómo se las gasta Clarkson y compañía, por lo que no todo del Ford GT iba a ser de su agrado.
En el interior hay demasiado plástico, el volante es incómodo, su sonido es desagradable y es demasiado ancho...Aún así, Jeremy Clarkson encuentra algo muy positivo en el Ford GT: es un coche duro y listo para aguantar en el circuito y no un superdeportivo de postureo.