Esta es de esas historias que hay que leer varias veces para creerla. Ha ocurrido en Estados Unidos, concretamente, en el estado de Pensilvania. Un tribunal ha revocado una indemnización de 1.000 millones de dólares a un conductor que quedó paralítico tras un accidente con un Mitsubishi 3000GT. Ahora hay que repetir el juicio.
El conductor se llama Francis Amagasu y en noviembre de 2017 sufrió un terrible accidente mientras conducía su Mitsubishi 3000GT (esta es su historia) de 1992. Al realizar una maniobra de adelantamiento, perdió el control del deportivo japonés, se salió de la carretera y se estrelló contra tres árboles. El impacto fue tan fuerte que el vehículo volcó y, aunque Amagasu llevaba el cinturón abrochado, se golpeó la cabeza con el techo, provocándole lesiones musculares de gravedad que lo dejaron paralítico.
Una indemnización de más de 1.000 millones de dólares al conductor del Mitsubishi 3000 GT
La familia presentó una demanda contra Mitsubishi, argumentando que el sistema de cinturones de seguridad era defectuoso y que el diseño del techo era peligrosamente bajo. Según decía, el 3000GT no ofrecía la protección adecuada en caso de vuelco, a pesar de que cumplía o superaba las normas de seguridad federales en el momento de su lanzamiento. El jurado falló a favor de la familia y les concedió una indemnización por daños y perjuicios de más de 1.000 millones de dólares (exactamente, 1.009.969.395,32).
Esa cifra incluía más de 156 millones de dólares en concepto de indemnización por daños y perjuicios, desglosados en 925.477 dólares por gastos médicos pasados, 12,5 millones por cuidados futuros, 2,2 millones por pérdida de capacidad de ingresos, 20 millones por daños no económicos pasados y otros 120 millones por sufrimiento a largo plazo. Además, según los documentos judiciales, el jurado impuso a Mitsubishi una indemnización punitiva de 800 millones.
El tribunal revoca el veredicto del jurado
Mitsubishi presentó un recurso de apelación y, a principios de este mes, el Tribunal Superior de Pensilvania falló a su favor, anulando el veredicto original y ordenando un nuevo juicio. El tribunal de apelación consideró que el jurado no había recibido las instrucciones adecuadas y nunca se le había pedido que considerara si las lesiones de Amagasu habrían sido menos graves si el diseño del coche hubiera sido más seguro.
“Sin una instrucción al jurado que le indicara exactamente cómo considerar estas pruebas, el tribunal de primera instancia no instruyó [al jurado] sobre los aspectos legales” y sobre cómo “debería decidir el caso aplicando las instrucciones del tribunal a las pruebas presentadas”, afirmó el tribunal de apelación.
Con la anulación del veredicto y la devolución del caso para un nuevo juicio, la batalla legal está lejos de haber terminado. Probablemente, la familia tenga que volver a presentar la demanda y pasar por otra ronda de lo que podría ser un proceso judicial largo y costoso.