Hay una joya que se encuentra en el depósito del Museo Mladá Boleslav de Skoda, un coupé tradicional de cuatro plazas que combina la elegancia atemporal con la voracidad deportiva. Se trata del Skoda Tudor, un prototipo de Superb coupé que, quizás, no conozcas, porque no llegó a producción, pero que esconde una curiosa anécdota.

Nos remontamos a principios del milenio. "En el año 2000, Wilfried Bockelmann propuso un nuevo desafío: diseñar más coches además de la trinidad existente en producción (el Fabia, el Octavia y el Superb)", según cuenta Zdeněk Cibulka, del Departamento de Diseño de la marca checa.

Bockelmann era jefe de Desarrollo Tecnológico de Skoda en una época en la que este tipo de coches todavía abarcaban un nicho de mercado. El coche se diseñó para la producción en serie con el objetivo mostrar el potencial de los diseñadores checos. Además de crear un coche bien equilibrado que todavía resulta atractivo hoy, el trabajo sentó también las bases para que la marca se inspirara en el cristal de Bohemia y prefiguraron las luces en forma de ‘C’, características de la firma. Fue una prueba que el coche superó con gran éxito.

Skoda Tudor Concept, un precioso Superb coupé

 

Guiados por Cibulka, el equipo de diseñó se puso a trabajar hasta crear un coche que impresionó al mismo Wilfried Bockelmann. Además de las dos puertas y su línea de techo descendente, la vista lateral del Skoda Tudor estaba dominada por dos líneas ascendentes: una de ellas partía de los faros y terminaba en el borde inferior de las ventanas laterales; la otra, más baja, partía de los tiradores de las puertas y se extendía hasta los guardabarros traseros. Estas dos líneas se cruzaban en el centro para ensanchar dinámicamente los alerones traseros.

Los diseñadores tomaron el frontal y la sección trasera del Skoda Superb, sin realizar cambios importantes, excepto en los faros traseros: "En aquel momento, las luces simplemente consistían en crear una cámara y poner bombillas dentro, y el papel del diseñador era solo diseñar la forma exterior de la unidad", recuerda Zdeněk Cibulka.  En el Tudor, sin embargo, el indicador de dirección y la luz de marcha atrás no estaban colocados uno al lado del otro, sino que la bombilla naranja estaba ocultaba detrás del reflector de la luz de marcha atrás.

Nace la iluminación en forma de ‘C’

La luz indicadora se refleja en la superficie reflectante para dirigir el haz alrededor del reflector de la luz de marcha atrás: “Aquí es precisamente de donde provino la iluminación en forma de ‘C’, característica de la marca. posteriormente, este elemento se llevó a un nuevo nivel en la segunda generación del Octavia", dice Cibulka.  La cubierta roja de la luz trasera abrazaba tres lados del perímetro del reflector.

El interior del Skoda Tudor se inspiró en materiales de ónix y marfil de primera calidad. El salpicadero estaba dominado por un volante deportivo de tres radios y dos pantallas: una debajo de las salidas de aire centrales para el sistema de navegación, otra en la consola central para el control del aire acondicionado. Una tira horizontal de aluminio mate le da un toque deportivo al interior, al igual que las escalas de aluminio estilo crono en la instrumentación de control.

Se perdió en la India y se encontró en una estación de tren

En cuanto al apartado mecánico, el Skoda Tudor recurría a un motor V6 de 2.8 litros que producía 188 CV de potencia, combinada con una caja de cambios manual de cinco velocidades y tracción delantera.

Posteriormente, el Tudor viajó a una exposición en la India donde, en circunstancias bastante dramáticas, se perdió después del evento y no se encontró hasta varios meses después en una estación de tren, tras una intensa búsqueda por parte de las autoridades. A su regreso a la República Checa, el coche tuvo que ser completamente restaurado.