Imagina que estás en 1952, cuando en España casi nadie puede permitirse un coche (no digo siquiera “de lujo”) y faltan aún 5 años para que se ponga a la venta el primer (prueba) Seat 600. Pero mientras, en Italia, hay firmas automovilísticas que siguen desarrollando vehículos de ensueño y están metidas de lleno en el mundo de la competición. Y eso se nota en una joya como la que hemos tenido el privilegio de probar: el Alfa Romeo Disco Volante, que es como se le apodó al Alfa Romeo 1900 C52 concebido ese mismo año.
Más que un ‘bólido’ de carreras, como se decía entonces, en realidad fue un proyecto estilístico del carrocero Touring sobre un chasis tubular, y que se acabaría convirtiendo en una de las creaciones más bellas de todos los tiempos. Y poca broma, porque su reducido peso (735 kg) y su mecánica hacen que declarara una velocidad máxima de ¡235 km/h! Y sin cinturones ni ninguna otra medida de seguridad reseñable que a uno le haga desistir de pisar a fondo…
Por fuera, en efecto, parece un coche de otro planeta. Sus formas recuerdan claramente a una nave espacial, y de ahí su mote, gracias a unas formas preciosas y muy redondeadas con un estilizado ‘scudetto’ central, de pequeñas dimensiones, a juego con las tomas de aire que lo flanquean, como si fueran sacados los tres casi del mismo molde.
Su silueta plana y baja se acentúa con otro de los elementos que más personalidad le confieren: las cuatro ruedas semicarenadas, con llanta de radios y una única tuerca para fijarlas al buje –otro detalle muy ‘racing’ de la época’-. Hacia atrás, encontramos dos portezuelas reducidas a la mínima expresión, un parabrisas más pensado para no mancharte la ropa que en quitar turbulencias en la cara y un habitáculo estrecho y carente de cualquier concesión al lujo o al confort.
Estas formas tan estilizadas y atractivas dicen que inspiraron a otros para hacer diseños casi igual de memorables, como el Jaguar E-Type de 1961, tanto en su versión roadster como coupé (ambas versiones también las encontramos como precedentes en este italiano).
Sea como fuere, el Alfa Romeo Disco Volante de 1952 que tenemos hoy aquí junto a nosotros hace otra vez alarde de una personalidad propia también en la zaga, con un ligero estrechamiento final, como si fuera un misil; concesiones a esos arcaicos estudios aerodinámicos que ya entonces marcaban la diferencia respecto a sus rivales.
Vuelo rasante
He visto este coche muchas veces en fotos de estudio y unas cuantas en vivo y en directo, en el Museo Storico de Alfa Romeo en Arese (Milán), donde esta unidad se custodia con tanto mimo tanto en sala como cuando se presta para rodar a unos pocos elegidos como yo. “Porque esto es un museo vivo”, dicen sus responsables.
Así que abro la portezuela del lado derecho, junto al triángulo blanco y el mítico ‘Quadrifoglio Verde’ de la suerte, me encajo como puedo en la banqueta del conductor –la del pasajero es aún más pequeña-, bajo el gran aro de madera del volante de tres radios y adopto una postura que parecía imposible segundos antes. Eso sí, no sé cómo voy a poder salir luego, pero creo que, definitivamente, me quedaría a vivir aquí.
Llave, motor de arranque y ¡brum! Prefiero no pensar en que si esta ‘machina rossa’ tan exclusiva se pusiera en venta, su cotización sería de varios millones de euros, porque si no, voy a notar demasiado rígidas las articulaciones como para poder disfrutar de esta maravillosa y única experiencia.
Tengo que hacer mucha fuerza para pisar el acelerador y los pedales, mover el volante, hacer con un poco de giro en las ruedas las primeras maniobras sin temer por las agujetas de mañana… Poco a poco, el mundo se mueve cada vez más y más rápido a mi alrededor. El cambio manual de 4 velocidades, a la izquierda, no es el más duro que he probado, pero casi; hay que hacer doble embrague casi en cualquier engranaje para que la caja no rasque (mejor, que lo rompan ellos, ¿verdad?)...
Pero a medida que vas cogiendo velocidad aquí en el trazado de Balocco, donde tiene lugar esta prueba, las sensaciones se van cincelando en la piel con la misma fuerza con la que te golpean el viento y los insectos: el parabrisas no para nada la (huracanada) brisa y las gafas de sol que llevo parece que van a salir volando de un momento a otro.
Entre las vibraciones y la fuerza del aire, apenas puedo distinguir lo que marca el gran cuentavueltas de 0 a 10.000 RPM que preside el salpicadero –los relojes pequeños ya los doy por perdidos-, así que cambio de marchas ‘de oído’, cuando parece que el motor lo va pidiendo, pero sin forzarlo.
Como si de un scooter barato se tratara, el retrovisor se mueve tanto que tampoco podría asegurar que no me persigue un coche del ‘staff’ para hacer que me detenga de una vez; no sé si estoy abusando o no, pero acelero a fondo y los 158 CV de este precioso Alfa Romeo me impulsan con una sensación de velocidad increíble, hasta superar casi los 200 km/h, con un estruendo espectacular.
Cuando intuyo que va a llegar la primera curva, tanteo el freno para tomar la medida al sistema y evitar sustos, antes de emplearme con fuerza en ese pedal y el del embrague, con el fin de contener las fuertes inercias de esta obra de arte aún en la recta, donde pueda controlarlo todo.
La dirección es muy curiosa, pero más estable y precisa de lo que pensaba, así que en mitad del giro, cuando ya he recuperado casi toda la visibilidad aunque me sigan llorando un poco los ojos, me voy atreviendo con el acelerador y la feroz respuesta de las ruedas traseras. Otro bramido y de nuevo, gran velocidad en el crono y en el pecho. Aquí es donde entiendes mejor que nunca aquello de ‘cuore sportivo’ (corazón deportivo) que acompaña a muchos anuncios comerciales de la firma italiana desde siempre.
Pasan las vueltas y me doy cuenta de que nunca una conducción tan sumamente incómoda me ha resultado tan extremadamente placentera. Estoy cansado, me duelen los brazos y la espalda, apesto a gasolina y a salpicaduras de aceite… y soy feliz.
He madrugado mucho para llegar hasta aquí desde Madrid y a última hora de la tarde tengo que tomar el avión de regreso a casa, pero yo ya he podido volar bajo sobre la pista en este en este Disco Volante que no olvidaré jamás. ¿Nos volveremos a encontrar algún día?
| Ficha técnica del Alfa Romeo 1900 C52 Disco Volante Spider (1952) | ||
| Motor | Cilindrada | 1.997 cc (85x88 mm) |
| Cilindros Disposición | 4 cilindros en línea, delantero, longitudinal | |
| Potencia máxima | 158 CV a 6.500 rpm | |
| Par máximo | N.D. | |
| Alimentación | Tipo | Dos carburadores de doble estrangulación, encendido por distribuidor, lubricación por cárter húmedo. 1997,4 cc (85 x 88 mm) |
| Transmisión | Caja de Cambios | Manual, 4 velocidades y marcha atrás |
| Tracción | Trasera | |
| Suspensión | Delantera | Independiente, brazos oscilantes, resortes helicoidales, amortiguadores hidráulicos |
| Trasera | Eje rígido, elemento triangular superior, brazos de arrastre, resortes helicoidales, amortiguadores hidráulicos. | |
| Frenos | Delanteros | Tambor de accionamiento hidráulico |
| Traseros | Tambor de accionamiento hidráulico | |
| Dimensiones | Longitud | 3.950 mm |
| Anchura | 1.780 mm | |
| Altura | 1.064 mm | |
| Distancia entre ejes | 2.200 mm | |
| Depósito | Capacidad | N.D. |
| Peso | Peso | 735 kg |
| Prestaciones | Velocidad máxima | 225 km/h |
| Aceleración 0-100 Km/h | N.D. | |
| Consumo | Medio | N.D. |
| Ciudad | N.D. | |
| Carretera | N.D. | |
| Producción | Unidades / Años | 1 / 1952 |
| Precio | Precio en la época | N.D. |
Fotos cedidas por el Museo Alfa Romeo de Arese.
| Valoración | |
| Alfa Romeo 1900 C52 Disco Volante Spider (1952) | |
| RESUMEN Por diseño, exclusividad (solo uno en el mundo) y sensaciones al volante es un coche único. ¿Lo negativo? La incomodidad de manejo y la nula protección aerodinámica del parabrisas, pero, independientemente de eso, conducirlo te hace muy feliz. | 4 PUNTUACIÓN GENERAL |