Ubicado en la calle Marqués de Riscal número 7 de Madrid, el Beti Jai es el último de los frontones industriales de Madrid y uno de los edificios más singulares del patrimonio cultural de la capital de España. Después de décadas abandonado, el Ayuntamiento de Madrid inició un proceso de restauración a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Área de Cultura, Turismo y Deporte que culminó en 2024. Esta es la historia del Beti-Jai, el frontón de pelota vasca que se utilizó como taller especializado en Citroën.

A finales del convulso y desastroso siglo XIX para el país, el juego de la pelota vasca estaba de moda en Madrid. Los aficionados acudían a los partidos y practicaban en frontones modestos o en la propia calle, los pelotaris gozaban de fama y dinero, y los periodistas escribían crónicas sobre este deporte.

En este contexto, el 29 de mayo de 1894, cuatro años antes de que España perdiera sus últimos territorios de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) en una guerra provocada por Estados Unidos, precisamente para ese fin, se inauguró un nuevo y monumental frontón en la capital, bautizado como Beti Jai, que significa “siempre fiesta” en lengua vasca.

Durante décadas, el Beti-Jai recibió diferentes usos

Rápidamente se convirtió en uno de los frontones más importantes de la capital y de España. Fue encargado al arquitecto Joaquín Rucoba Octavio por José Arana y Antonio Modesto de Unibaso, siguiendo el estilo del que había en San Sebastián con el mismo nombre, con una cancha de 67 x 20 metros y un aforo de 4.000 espectadores. El recinto alcanzaba los 10.800 metros cuadrados y, además de partidos de pelota vasca, acogió competiciones de esgrima, hípica y otros actos más festivos que deportivos durante los pocos años que estuvo en funcionamiento como tal.

Con el tiempo, el Beti-Jai empezó a tener otros usos alejados del deporte, como centro de ensayos de aeronáutica en los primeros años del siglo XX, por el inventor, ingeniero y matemático Leonardo Torres Quevedo, taller de Harley-Davidson en los años 20, incluso durante la Guerra Civil y luego en la dictadura de Franco el espacio se aprovechó como prisión, comisaría, lugar de ensayo para bandas musicales vinculadas a Falange Española, mercado...

“Taller especializado en Citroën tracción delantera”

En la puerta de entrada, junto a la fachada principal, es donde encontramos la conexión del Beti-Jai con el automóvil. Hasta principios del siglo XXI, colgaban ahí dos destartalados carteles, uno que decía ‘Carrocerías Madecar’ y ‘Citroën de la Osa’ (más tarde, talleres Riscal), este último muy vinculado a la marca de los chevrones, tal y como atestiguan un par de facturas que encontraron los compañeros de Auto Bild y que cuentan en un reportaje publicado en 2021.

En una factura, con fecha 12 de noviembre de 1952 y teléfono 247298, expedida en el propio local del Beti-Jai, figuran como "talleres mecánicos" con "especialidad en Citroën tracción delantera". En ella aparece el cobro de 116 pesetas a un tal Enrique Sainz de Ortueta "por hacer desmontaje de amortiguadores traseros, revisarlos, cambiando dos ‘silemblot’ de goma y montaje, revisar carburador y bomba de gasolina", en su Citroën matrícula M-87897.

La segunda factura tiene fecha de 20 de octubre de 1953 y corresponde al mismo coche y propietario, pero esta vez en la "estación de servicio De la Osa", en la calle Alenza número 7 de Madrid (actualmente jardín vecinal entre dos edificios de viviendas), para un "engrase general" (24 pesetas) y poner "siete litros de aceite" (140 pesetas) por un total de 164 pesetas.

Del abandono a su recuperación

Con el paso del tiempo, las instalaciones de lo que fue el Beti-Jai cayeron en el más absoluto abandono y el espacio lateral destinado al público se tapió con paupérrimas y desiguales ventanas. La cancha se cerró con diferentes techumbres, dando lugar a unas descuidadas naves industriales en las que, entre otras tareas, se reparaban todo tipo de vehículos, en un entorno cochambroso que permaneció en creciente deterioro durante décadas.

En 1997, una sociedad vasca adquirió los restos del Beti-Jai con el propósito de recuperarlo y darle un uso deportivo, pero no fue hasta muchos años más tarde cuando las distintas Administraciones públicas decidieron recuperar el mítico frontón que, pese a todo, había resistido a la ruina y a la especulación urbanística. En 2011 se declaró Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid y desde 2010 a 2015 el Ayuntamiento de la capital procedió a su expropiación por 7 millones de euros.

En 2017 comenzó un proceso de restauración del emblemático edificio que culminó en 2019, quedando consolidado y adscrito al Área de Cultura, Turismo y Deporte. Finalmente, en 2024 el Beti-Jai abrió sus puertas a la visita pública libre. Está considerado como una de las instalaciones deportivas más antiguas de Europa.