Esta no es una de esas historias de coches abandonados ni hallazgos en graneros, pero se parece. Aunque el trasfondo emocional quizás es mayor. Lou compró este Ferrari 308 GTS nuevo en 1985 y dejó de conducirlo poco después para conservarlo. Apenas había recorrido 6.800 kilómetros y el coche se quedó aparcado en el jardín de casa. Hace tres años falleció y, durante este tiempo, su esposa, Dee, lo ha conservado hasta que decidió deshacerse del superdeportivo italiano rojo.

La mujer lo protegió lo mejor que pudo con una lona y siguió arrancando su motor V8 con regularidad. Pero con el paso del tiempo, decidió buscarle un nuevo dueño que lo cuidase como lo hizo su marido. Antes de eso, Dee recurrió a Larry Kosilla, un especialista estadounidense en detallado de automóviles y fundador de AMMO NYC. El objetivo no era realizar una restauración completa y costosa, sino dejar el Ferrari presentable, conservando su autenticidad en la medida de lo posible.

Había bastante trabajo por delante, ya que habían crecido algunas plantas debajo del coche, que alcanzaron incluso las suspensiones. Tras la primera limpieza a fondo, Kosilla calcula que retiró entre 3 y 4 kg de hojas. En el interior había varios nidos de ratones que llegaron a arrancar parte del aislamiento. Bajo el revestimiento del maletero, se ocultaba una considerable acumulación de suciedad y excrementos, provocando corrosión. Sin embargo, los asientos y las alfombrillas estaban sorprendentemente bien conservados, lo cual concuerda con el bajísimo kilometraje del coche.

El motor V8 de Ferrari 308 GTS vuelve a la vida

Pero quedaba lo más importante de todo: comprobar si el motor V8 arrancaría, después de tanto tiempo inactivo. Antes, reemplazaron la gasolina que quedaba en el depósito, revisaron el aceite y los filtros y rellenaron el refrigerante. También necesitaron un arrancador externo, ya que la batería estaba agotada. Tras unas cuantas vueltas de calentamiento, el motor V8 cobró vida. Las veces que Dee arrancó el motor a lo largo de los años fue clave, aunque eso no lo libra de una revisión en profundidad.

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Tras la limpieza y el pulido, el Rosso Corsa ha recuperado gran parte de su esplendor, aunque la corrosión persiste. Y la historia ha llegado a su fin: el 308 finalmente ha encontrado un nuevo dueño. Su intención es continuar la restauración, centrándose en eliminar el óxido. Después de años prácticamente inmovilizado, y los últimos tres en un jardín, este Ferrari 308 GTS que Lou compró en 1985 y dejó de usar con tan sólo 6.800 kilómetros en el odómetro pronto volverá a la carretera.

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