En 1989, La Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles (JAMA) limitó la velocidad máxima de los coches nuevos en 180 km/h y acordó que ningún modelo para el mercado nacional superase los 280 CV. Fue lo que se conoció como Pacto de Caballeros y explica por qué los superdeportivos japoneses de aquella época tenían todos la misma potencia. Sin embargo, hubo un modelo que rompió ese paco y no fue, precisamente, un deportivo, sino una berlina.

El Pacto de Caballeros entre las marcas japonesas fue una medida preventiva para evitar una guerra de potencias, coincidiendo con el auge de los deportivos locales, como los Mazda RX-7, Toyota Supra, Mitsubishi GTO (esta es su historia) u Honda NSX, al mismo tiempo que las muertes por accidentes de tráfico superaban las 10.000 anuales en Japón, lo cual generó una gran preocupación en las autoridades.

El Pacto de Caballeros entre las marcas japonesas

No se trataba de ninguna ley ni tenía carácter vinculante jurídicamente. Las compañías no estaban obligadas a cumplir el pacto y, en cualquier momento, podían mandarlo a freír espárragos. Pero si hay algo que caracteriza a la cultura japonesa es el respeto, el cual se manifiesta, entre otras cosas, en la cortesía, la consideración hacia los demás y en cumplir aquello a lo que te comprometes.

El acuerdo se mantuvo durante varios años, prácticamente, durante toda la década de los 90, hasta que llegó el nuevo milenio y dejó de tener importancia. Por un lado, todos los fabricantes japoneses eran conscientes de que, en cuanto uno lo rompiera, el resto le seguiría como cuando caen fichas de dominó.

Por otro lado, había dos motivos por los que el Pacto de Caballeros ya no tenía sentido a principios de los 2000 y podía volverse en contra de la industria automotriz japonesa: el primero era que la seguridad en los coches mejoró notablemente. Lejos quedaban los años 80 y ahora los automóviles equipaban múltiples airbags, sistemas ABS y diseños con mejoras en las zonas de deformación que daban una mayor protección a los ocupantes; la segunda razón era que las marcas europeas y estadounidenses empezaron a producir modelos más potentes, quedándose las japonesas atrás.

El Honda Legend termina con el acuerdo

Finalmente, en el año 2004 se presentó la cuarta generación del Honda Legend y el Pacto de Caballeros pasó a mejor vida. Lanzado simultáneamente en Japón y Estados Unidos (aquí como Acura RL), fue la respuesta de Honda a modelos alemanes, como el BMW Serie 5 E39 y el Mercedes-Benz Clase E W211, que desarrollaban mucho más de 284 CV.

Tenía un motor V6 de gasolina atmosférico de 3.5 litros que desarrollaba 304 CV, asociado a una transmisión automática deportiva de cinco velocidades con levas de cambio y un sistema de tracción total Super Handling con vectorización de par. Posteriormente, recibió algunas mejoras, como un sistema de sincronización variable de válvulas y control electrónico de elevación (VTEC), un colector de admisión compatible y nuevos sistemas de gestión del motor y del escape.

Por supuesto, el resto de marcas japonesas comenzaron a lanzar modelos más potentes y el mismo año del lanzamiento del Honda Legend la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles llegó a la conclusión de que no había estudios reales que relacionasen la potencia de los vehículos con el aumento de la mortalidad en Japón, por lo que se puso fin al pacto.