Cuando Zoe Turner se disponía a acudir a una fiesta navideña con tres amigas, el taxi que las llevaba al evento fue envestido brutalmente por una hormigonera que había perdido el control. Todos los ocupantes del vehículo resultaron heridos, pero la joven se llevó la peor parte, una fractura de pelvis, varias vértebras aplastadas y el esternón roto.
Por suerte, el equipo médico que atendió a Zoe en el hospital afirmó que, de no haber llevado puesto el ajustado vestido, los huesos fracturados se hubieran desplazado de su lugar natural y afectado a órganos vitales. El vestido, de poco más de 40 euros, jugó un papel fundamental y, según la joven británica: "aunque fue muy difícil quitármelo, no me arrepiento porque me ha salvado la vida".
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