Cuando se piensa en Subaru, se vienen a la mente imágenes de berlinas deportivas y todoterrenos con buenas aptitudes offroad equipados con sus fiables motores bóxer. Sin embargo, a mediados de los 90, la marca japonesa se embarcó en una aventura para producir un vehículo que ni tenía motor bóxer ni tracción AWD, pero sí un chasis con corazón de Opel desarrollado por Porsche. Parece un puzle, pero este fue el Subaru Traviq.

No exageramos si decimos que el Traviq es uno de los coches más desconocidos, por no decir el que más, de la marca de las pléyades. Nació a mediados de los 90, en un momento en el que emergían los monovolúmenes compactos en Europa, después del éxito del Renault Scenic. Opel no quería quedarse atrás y desarrolló el Zafira con la ayuda de Porsche.

El plan de la marca del rayo era hacer un monovolumen compacto con espacio para acoger a siete pasajeros y a un precio atractivo, lo cual requería reaprovechar componentes y motores de otros modelos de la firma. Sin embargo, había que desarrollar un nuevo chasis y eso, lo que se dice barato, no es. Es aquí donde entra en juego Porsche. Dos años después, llegó al mercado el Opel Zafira con la colaboración de Porsche Engineering y el resultado fue un producto excelente.

Subaru Traviq, el Zafira japonés que fracasó

Subaru pensó que podría introducir un nuevo producto completamente diferente a lo que ofrecía en su gama, pero la realidad era que un concepto como este estaba completamente alejado de lo que la marca japonesa acostumbraba a sus clientes. Aun así, llegó a un acuerdo con General Motors (propietaria de Opel en aquel momento) para comercializar el Zafira en Japón.

La compañía nipona aplicó leves cambios estéticos, como un frontal diferente y el logo en la parrilla, las llantas o el volante. Pero el problema no fue meter en el mercado japonés un coche europeo. Como decíamos al principio, Subaru es sinónimo de motores bóxer y tracción total, pero el Traviq no tenía ni lo uno ni lo otro. A esto se suma que el diseño interior no casaba con la imagen de la firma y su conducción distaba mucho de lo que se esperaba cuando el cliente se ponía al volante.

La oferta mecánica incluía un motor de cuatro cilindros de gasolina y 2.0 litros con 150 CV y, a partir de 2003, se añadió un bloque 1.8 de 115 CV más accesible, pero el monovolumen de Subaru estaba sentenciado. El Subaru Traviq fue un auténtico fracaso y apenas estuvo en el mercado tres años.