Debo reconocer que el segmento de las berlinas premium me resulta un poco aburrido ya que siempre encuentro a los mismos protagonistas: Audi, BMW y Mercedes... y el resto. Por eso es de alabar la llegada de algún modelo que intente disputar a los modelos alemanas su condición de líderes indiscutibles.
Esta es la idea del Infiniti Q50, una berlina premium japonesa de reciente llegada al mercado europeo. Dentro de su gama podemos elegir entre dos motorizaciones, una híbrida de 364 CV y una motorización diesel de 2.2 litros que entrega 170 CV. Este último bloque es el que protagoniza la presente prueba en asociación con un cambio automático de siete velocidades. De hecho, el estandarte de este modelo es la motorización diésel, ya que sin ella no tendría mucho que hacer en el mencionado segmento.
¿Qué es lo que se puede destacar de esta mecánica? Sin ningún género de dudas el consumo. Por supuesto, la cifra no llega a los 4,8 litros de media que indica la ficha técnica, pero sí se pueden conseguir unos 5,5 litros, si se mima el acelerador. Teniendo en cuenta que el peso total de este modelo es de 1.744 kilos, la cifra es digna de alabanza.
Donde no resulta tan satisfactorio su funcionamiento es en el apartado de la rumorosidad: sobre todo en frío, se cuela demasiado ruido en el habitáculo. Teniendo en cuenta el segmento al que apunta el Infiniti Q50, este detalle debería mejorarse en posteriores generaciones. En cuanto al comportamiento dinámico, los 177 CV funcionan mejor al trote que al galope, o lo que es lo mismo, están pensados para largas rutas en autovía a velocidades constantes que para grandes aceleraciones y cambios de marcha. De hecho, el cambio automático de siete velocidades no resulta todo lo rápido que me gustaría y también tiene ese carácter sosegado propio de las berlinas ruteras.
Todo encajaría a la perfección salvo por un detalle, la suspensión. La versión de esta prueba monta el acabado GT Sport que incorpora una suspensión más rígida. De esta forma el aplomo del coche es excepcional, incluso en carreteras reviradas. Por eso si uno se anima un poco echa en falta un poco más de carácter en la pareja motor-cambio.
Pero no hay que olvidarse que este automóvil esta pensando para ofrecer confort a sus ocupantes y, para ello, ofrece un amplio equipamiento de serie ya desde la versión de entrada a la gama. Por 32.900 euros el conductor dispone de control de crucero, cámara de visión trasera, Infiniti Drive Mode Selector... En el caso de la versión de esta gama, denominada GT Sport, el equipamiento se completa con suspensión deportiva, asientos delanteros Sport, acceso sin llave, paragolpes delantero deportivo, pedalier de aluminio, equipo de sonido BOSE... por un precio de 48.775 euros.
En este apartado de equipamiento me gustaría hacer un aparte con el sistema de infotainment: el Infiniti Q50 cuenta con dos pantallas de generosas dimensiones situadas en la parte central del salpicadero. A primera vista llama mucho al atención, pero de cara a usabilidad y distracciones, sigo creyendo que con una pantalla basta. En este sentido sus modelos de la competencia apuesta por una sola pantalla y sin la posibilidad de usarla de forma táctil, para evitar separar la manos y la vista del volante. Pero para gustos, los colores...
De cualquier forma si, como yo, estás aburrido de las berlinas clásicas puedes probar el Infiniti Q50 para salirte un poco de la norma: su estética no está muy vista y puede ser un buen factor de diferenciación. Salvando los inconvenientes de rumorosidad, el resultado general de la berlina nipona es bastante satisfactoria: tiene poco que envidiar a los modelos alemanas y tan solo su relativo corto tiempo de vida en nuestro mercado puede alzarse como hándicap para coger cuota de mercado.
Lo mejor:
+ Equipamiento de serie
+ Entrega de potencia progresiva
+ Consumo
Lo peor:
– Rumorosidad
– Elementos opcionales
– Cambio automático