Siempre es difícil determinar cuál fue el primer coche de una clase concreta. Por ejemplo, ¿cuál fue el primer SUV de la historia? Muchas marcas se atribuyen tal honor. Lo mismo sucede con el primer deportivo, el primer superdeportivo, el primer hatchback como lo entendemos hoy… Influyen muchos factores. Muchos coinciden en afirmar que el primer deportivo de la historia fue un coche español, el Hispano-Suiza Alfonso XIII de 1911. Sin embargo, ese mismo año vio la luz otro: el Vauxhall Prince Henry.

Seguramente, te preguntes quién fue Prince Henry o, en español, Príncipe Enrique. Ni en inglés ni en español, porque era alemán. Así que Prinz Heinrich. Era el Príncipe de Prusia, el estado más importante del antiguo Imperio Alemán, hermano del Kaiser Guillermo y nieto de la Reina Victoria de Inglaterra (ya sabes que, en aquella época, todas las casas reales europeas estaban unidas por lazos de sangre).

Pero el príncipe Enrique era también un gran aficionado a los automóviles, que ya a principio de siglo XX, habían adquirido mucho interés y se organizaban importantes carreras. Claro que era algo que atraía a gente adinerada, que eran la única que podía comprar coches. Entre esos primeros entusiastas también estaba el rey español Alfonso XIII. Volviendo al príncipe prusiano, durante cuatro veranos organizó la Prinz-Heinrich-Fahrt, algo así como un rally y una prueba de fiabilidad. En su esfuerzo por ganar su trofeo, fue como se creó el Vauxhall Prince Henry.

Un príncipe enamorado de las carreras

La primera carrera se realizó desde Berlín hasta Stettin (actual Szczecin) en la costa báltica, hacia el oeste hasta Hamburgo, bajando hasta Tréveris en la frontera con Luxemburgo y, finalmente, hacia el este hasta Fráncfort, sumando un total de unos 2.200 kilómetros. La competición comprendía premios por velocidad, fiabilidad y escalada, entre otros.

Las normas obligaban a usar vehículos de calle, no especialmente preparados para carreras, con un peso mínimo de 860 kg y motores de cuatro o seis cilindros con límites de área de pistón y diámetro, dos frenos independientes, marcha atrás, luces delanteras y traseras, bocina y matrícula. La fórmula no funcionó como se esperaba, ya que muchos coches tenían carrocerías especiales y al volante no había “caballeros”, sino verdaderos pilotos, como Dorothy Levitt y Fritz Erle.

En 1909, el Príncipe Enrique cambió la normativa, limitando a los conductores de fábrica y definiendo las formas de las carrocerías y las cabinas. También hizo la ruta mucho más aventurera: de Berlín a Breslavia (actual Wroclaw, en el sur de Polonia), al sur sobre las montañas Tatra hasta Budapest, al oeste hasta Viena y de regreso sobre los Alpes de Salzburgo hasta llegar a Múnich. Esta vez el ganador fue el copropietario de Opel, Wilhelm Opel, seguido por el Conde Kolowrat de la firma checa Laurin & Klement (luego Skoda).

Vauxhall Prince Henry, uno de los primeros deportivos de la historia

 

En 1910 se diseñó una nueva ruta, que iba hacia el suroeste desde Berlín hasta Kassel, bajando hasta Núremberg, atravesando la Selva Negra hasta Metz (hoy en Francia) y volviendo hacia el este hasta Homburg. Esta vez se produjeron algunos accidentes trágicos: un coche se incendió debido a un fósforo que un espectador había tirado mientras repostaba, otro chocó con un árbol, muriendo el conductor, y todos se empaparon debido a las tormentas. El ganador de esta edición fue un tal Ferdinand Porsche en un Austro-Daimler diseñado por él mismo.

Hacia 1911, Vauxhall también comenzó a vender su tourer de 20 CV con carrocería especial, que había tenido un buen desempeño tanto en términos de fiabilidad como de velocidad. El Príncipe de Prusia estaba muy decepcionado porque sus reglas no habían permitido producir las carrocerías que deseaba. A principios de ese año, mientras visitaba Gran Bretaña, el Príncipe Heinrich había acordado con el Rey Eduardo trazar una ruta a través del Canal de la Mancha. Las pruebas de velocidad se eliminaron después del accidente del año anterior y los participantes se agruparon en dos equipos nacionales.