Si se trata del modelo mencionado la respuesta es tan sencilla como contundente: sí. En la década de los años 80, Porsche participó en el Dakar para desarrollar y exhibir su Porsche 959. La victoria resultante ayudó a construir un pedigrí de rally que pocos hubieran imaginado para este deportivo alemán.
El Porsche 959 fue construido entre 1986 y 1993, un tiempo durante el que revolucionó el mundo de los deportivos. No en vano, este modelo introdujo funciones y ayudas al conductor que nunca antes se habían visto en un coche de carretera. Se dice que este vehículo pionero es la génesis de los deportivos modernos que siguen esta fórmula de usar tecnología para mejorar su rendimiento.
El Dakar de 1986
Impulsado por un motor un motor bóxer de seis cilindros biturbo, el Porsche 959 presumía de una potencia de 450 CV y tenía un par máximo de 500 Nm. Un impresionante motor que se combinaba con una transmisión manual de seis velocidades, la encargada de transmitir la potencia a ambos ejes gracias a un sistema de tracción total controlado electrónicamente. Este sistema fue el primero para Porsche y permitió que tanto los conductores como el coche decidieran cómo administrar la potencia de salida del 959.
Esta transmisión ayudó a mejorar el rendimiento de este deportivo dentro y fuera de la carretera. Con estas prestaciones, cuando Porsche participó en el Dakar de 1986 con el Porsche 959, no extrañó la victoria de René Metge y Dominique Lemoyne y el segundo lugar de Jacky Ickx y Claude Brasseur. Un tercer 959 cruzaría la meta en sexta posición (por detrás de dos Mitsubishi y un Lada) con Kussmaul/Unger a los mandos.
Un buen escaparate
Aquel triunfo se convirtió en el escaparate perfecto donde anunciar las posibilidades del coche y su intención de conquistar el Grupo B… pero la cancelación definitiva de esta competición y de la que estaba destinada a ser su sucesor, el Grupo S, dieron al traste con esas intenciones.
El objetivo de Porsche con el 959 era el de crear un coche de rallies y carreras, pero las homologaciones impuestas para cada campeonato le obligaron a comercializar unidades de calle. Y lo cierto es que la estampa de estos deportivos levantados y cubiertos de barro en un escenario como el rally más duro del mundo supuso una muestra del dominio de la marca de Stuttgart a la hora de integrar nuevas tecnologías en el mundo del motor.