La década de los años 50 estuvo marcada, entre otras cosas, por los nuevos aviones con motores a reacción y el avance en la energía nuclear. Influida por lo segundo, Ford contempló la posibilidad de fabricar un coche nuclear, aunque nunca pasó de un simple estudio para analizar cómo podrían ser los automóviles del futuro si incorporasen esta tecnología. El resultado de aquel curioso proyecto fue el Ford Nucleon.

La marca del óvalo azul acaba de recuperar el comunicado de prensa original de 1958, así como las imágenes del Nucleon en su Ford Heritage Vault, una colección digital de la compañía que recoge su historia. Se trata de una maqueta y nunca hubo intención de llevarlo a las calles, pero no deja de ser una muestra de cómo imaginaban los ingenieros de Ford la movilidad en el futuro.

Ford Nucleon, el coche nuclear que imaginó Ford en los 50, con 8.000 km de autonomía

Estéticamente, el Ford Nucleon tenía un diseño elegante y muy alargado, con paragolpes retráctiles que mejoraban la eficiencia aerodinámica. Según el comunicado de prensa de la época, el diseño representaba un futuro en el que los reactores nucleares eran lo bastante pequeños como para caber en un coche.

Hoy sabemos que Ford estaba equivocado, ya que los reactores siguen siendo muy grandes. El interior estaba equipado con un sistema electrónico de climatización. Pero lo más importante era la cápsula de energía que contenía un núcleo atómico, con una autonomía estimada de 8.000 kilómetros con una sola recarga.

Una visión del futuro con 65 años de antelación

Aunque Ford erró en su visión de futuro sobre los reactores nucleares, sí acertó más cuando afirmó en el comunicado de prensa que, en el futuro, las gasolineras serían sustituidas por estaciones de recarga, algo que está ocurriendo desde hace algunos años con la instalación de una infraestructura de recarga para coches eléctricos, si bien éstas no están sustituyendo a las gasolineras convencionales, al menos, por ahora.

Pero la cosa no queda ahí. El fabricante de Detroit también describió el Núcleo con unos sistemas electrónicos instalados en el frontal y la zaga del vehículo que alertaban a los pasajeros de la presencia de otros vehículos cercanos. Un dispositivo muy primitivo, pero similar al que equipan muchos coches modernos hoy, que avisan de la presencia de otros vehículos, motos o ciclistas que se aproximan.