A las 12:30 del 22 de noviembre de 1963 el mundo se detuvo. En ese momento, el presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, recibió dos disparos cuando viajaba en un coche descapotable junto a su esposa, Jackie Kennedy y el resto de la comitiva, en Dallas. “¡Dios mío, han disparado a mi esposo! Te amo, Jack”, gritó la primera dama. Todavía le quedaba un hilo de vida, pero no había nada que hacer. A las 13:00 horas, justo cuando tenía que dar un discurso, los médicos del hospital certificaron su muerte. Hoy se cumplen 60 años del asesinato de Kennedy.
El asesinato de Kennedy ha dado mucho de qué hablar. Hay miles de libros, documentales y películas, así como artículos en prensa que han tratado el asunto. Tampoco han faltado las teorías de la conspiración, como es habitual en sucesos de tanta trascendencia como este. Lo cual es lógico, por ser quien era: el presidente del país más poderoso del planeta. Y no un presidente cualquiera, sino alguien que transformó por completo la manera no sólo de gobernar, sino también de hacer las campañas electorales.
Kennedy era mucho más que un jefe de estado. Era una estrella mundial que manejaba como nadie todo eso que es necesario en un político para encandilar al público (votantes): la puesta en escena. Con la ayuda inestimable de su equipo de asesores, claro está. Unca un presidente de Estados Unidos ha gozado de tanta popularidad fue de su país, a pesar de que, bajo el mandato de Kennedy aumentó la participación del país en la Guerra de Vietnam, por ejemplo.
60 años del asesinato de Kennedy: el coche donde viajaba el presidente
La vida de Kennedy se apagó aquel 22 de noviembre de 1963, hace justo 60 años. Un día antes, el presidente inició una gira que debía llevarlo por varias ciudades de Texas, en su doble condición de presidente y candidato por el Partido Demócrata para las elecciones que tendrían lugar al año siguiente. La visita era importante, ya que Texas siempre ha sido un estado de voto mayoritariamente republicano.
La mañana del 22 de noviembre, Kennedy y su esposa abandonaron el hotel donde se hospedaron para acudir al aeropuerto. Embarcaron en el Air Force One para ir a la siguiente parada, Dallas. Allí, lo esperaba una espectacular limusina presidencial, un Lincoln Continental de 1961. Como el día estaba despejado, el servicio secreto decidió quitar la capota para que la multitud que los esperaba pudiera verlos perfectamente. De todas formas, el techo era de vidrio y no era antibalas, por lo que la historia quizá no habría sido diferente, en caso de haberlo cubierto. Aunque, quién sabe…
El Lincoln Continental Convertible
Centrándonos en lo que nos interesa aquí, el Lincoln Continental del presidente era un modelo de 1961. Originalmente, el diseño realizado por Elwood Engel iba a ser para el Ford Thunderbird, pero, finalmente, fue para el último coche del presidente Kennedy. Robert Strange McNamara, por entonces Secretario de Defensa y primer presidente de la Ford Motor Company que no descendía de Henry Ford, modificó ligeramente las líneas del diseño para adaptarlo a un nuevo concepto de coche, mucho más práctico que los automóviles de la década anterior.
El Continental fue revolucionario en términos de diseño y dio paso a una nueva generación de vehículos más acorde con los nuevos tiempos. La década de los 60 avanzaba. Atrás quedaban los años 50 y la posguerra. La sociedad estadounidense tenía nuevos gustos y ansiaba coches más grandes que demostraran la fuerza y el poder de Estados Unidos, un país miraba siempre de reojo lo que hacía su principal enemigo de antes, incluso, de acabar la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética.
El Continental lucía unas formas rectas y angulosas, alejado de las curvas de la década anterior. Era un coche sobrio, sin excesos ornamentales, ideal para un jefe de estado. Una característica era la apertura de las puertas enfrentadas, algo insólito al otro lado del Atlántico, y que transmitía la idea de un habitáculo muy acogedor.
Sin ningun tipo de protección
Concretamente, la versión que utilizó Kennedy fue un Lincoln Continental Convertible que, en su momento, era el único descapotable de cuatro puertas en el mercado. La unidad del presidente tenía el nombre interno de X-100 y fue convenientemente preparada por Hess & Eisenhardt Company de Cincinnati, en Ohio. Era un más grande que el modelo de serie, exactamente, 107 centímetros, y estaba equipada con elementos especiales, como un asiento de accionamiento hidráulico que se elevaba 26,7 cm para destacar la presencia del presidente.
Además, el coche contaba con unos estribos retráctiles para los agentes del servicio secreto, luces estroboscópicas y tres tipos de techo extraíble, que dejaban al descubierto al presidente. Pudiera sorprender que el vehículo careciera de algún tipo de blindaje. Ni siquiera las ventanas tenían algún tipo de protección. En aquel momento, pesaba más la necesidad de mostrar al presidente más carismático de la historia norteamericana a las masas que lo esperaban. El desenlace ya lo conocemos.
El coche medía 6,46 metros de longitud (contando con la ampliación) y una distancia entre ejes de 3,96 metros. Montaba un motor Ford MEL V8 de 7.0 litros que desarrollaba 355 CV y 631 Nm de par, que le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en 11,9 segundos y alcanzar los 185 km/h de velocidad máxima. Toda la potencia iba al eje trasero y declaraba un consumo estimado de 20,8 litros a los 100 km.
Las mejoras introducidas en el Lincoln Continental Convertible ascendieron a 200.000 dólares de la época, equivalente hoy a casi 1,6 millones de dólares (1,47 millones de euros al cambio actual). El modelo de serie costaba unos 7.300 dólares que hoy equivaldrían a unos 58.500 dólares (casi 53.700 euros). Tras el magnicidio, el coche presidencial recibió una restauración bajo el Proyecto D-2, que incluyó, esta vez sí, blindaje completo de las plazas traseras y la instalación de un techo no practicable con cristal antibalas. También se cambió el motor y Lyndon B. Johnson, sucesor de Kennedy, ordenó cambiar el color de azul medianoche a negro.