¿Puedes conducir después de una gastroscopia? ¿Y después de aplicarte un colirio en los ojos? Existen una serie de situaciones en la que no debes coger el coche, aunque al ser actuaciones leves, no se suelen tener en cuenta. Vamos a ver 6 momentos en los que está contraindicado conducir, según la DGT.

El anexo IV del Reglamento General de Conductores, especifica una serie de criterios para establecer si puedes conducir con seguridad con determinadas enfermedades. Pero, al margen de esto, existen otros momentos en los que es mejor renunciar al vehículo privado y buscar una mejor alternativa.

Estrés postraumático: fatigado y ansioso

El estrés postraumático surge cuando atraviesas dificultades que no sabes resolver por un trauma, una pérdida importante, por enfrentarse a una situación muy exigente que no controlas o bien porque te desborden las circunstancias.

El estrés mantenido provoca un estado de fatiga que merma la capacidad de conducir: se ralentizan los tiempos de reacción, no se observan algunos estímulos como señales o movimientos, se genera mucha ansiedad y aparecen pensamientos negativos, agresividad y sentimientos depresivos. Todo eso perjudica a la conducción.

Gastroscopia: o sedados o sin volante

Algunas pruebas diagnósticas o de radiodiagnóstico se realizan bajo sedación para evitar dolencias o molestias del paciente. Además, requieren una preparación que suelen mantener molesto al paciente y que no se encuentre en un estado óptimo para conducir. Pero los fármacos que se emplean en la sedación suelen ser incompatibles con la conducción.

Los médicos recomiendan siempre ir acompañado a este tipo de pruebas, debido a los efectos de la medicación. Según Elena Valdés, asesora médica de la DGT, aunque el paciente puede salir a pie de la clínica a la hora o dos horas, los efectos secundarios de la medicación persisten y puede provocar desorientación, lentitud de reacción, etc.

Depresión: con la cabeza lejos del volante:

Otro de los 6 momentos en los está contraindicado conducir tiene que ver con la depresión. En todos los casos de trastorno del estado de ánimo, la persona siente un profundo desinterés de todo lo que no sea su propio estado. En consecuencia, una persona que conduce en ese estado no siente interés por las señales de tráfico, no percibe muchas informaciones de la vía y conduce de forma poco adaptativa. A lo que hay que añadir conductas de riesgo para la vida del conductor.

Cirugía ocular: un mes sin conducir

La cirugía refractiva es muy positiva, sin embargo, en los primeros momentos puede producir efectos colaterales, como visión borrosa, halos o deslumbramientos, que reducen la capacidad visual y desaparecen en un tiempo variable. Por ello, el Reglamento General de Conductores establece que no se puede conducir hasta un mes después de la intervención y tres meses en el caso de un conductor profesional. Además, el oftalmólogo debe advertirlo.

Alergias: el peligro del sueño

Hay medicamentos que alteran la capacidad de conducir, debido a los efectos secundarios que producen. Las personas que padecen algún tipo de alergia suelen tomar un antihistamínico que le receta el médico, muy eficaz contra el picor, pero con mayores efectos sobre el sistema nervioso central y, por eso, produce tanta somnolencia. Así que no se debe conducir mientras se toma el medicamento y el médico debe advertirlo.

Desmayos: busca una alternativa

Los desmayos se pueden producir por diferentes motivos, como una caída o un golpe, y no se deben tomar a la ligera. Es necesario acudir al médico para realizar las pruebas necesarias hasta determinar el motivo que ha dado lugar al desmayo. Mientras tanto, es recomendable utilizar un transporte alternativo en lugar de ponerse al volante, para evitar riesgo de una pérdida de conciencia mientras se conduce.