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PRUEBA: Subaru BRZ

Cuando recibí la confirmación de la prueba del Subaru BRZ no podía estar más contento… iba a tener la oportunidad de ponerme al volante de uno de los coches más esperados y deseados del momento. Un ligero deportivo de propulsión, con motor bóxer atmosférico, diferencial autoblocante y carrocería coupé; los ingredientes necesarios para un vehículo […]

Cuando recibí la confirmación de la prueba del Subaru BRZ no podía estar más contento… iba a tener la oportunidad de ponerme al volante de uno de los coches más esperados y deseados del momento. Un ligero deportivo de propulsión, con motor bóxer atmosférico, diferencial autoblocante y carrocería coupé; los ingredientes necesarios para un vehículo que te asegurará la máxima diversión al volante. Había leído decenas de pruebas de otros medios en las que solo aparecían elogios, excepto por un punto: el cambio automático opcional.

Prueba Subaru BRZ

Por pura casualidad, la unidad del Subaru BRZ que nos dejaron para la prueba estaba equipada con el mencionado cambio automático. Enseguida vinieron a mi cabeza todos los comentarios que había leído: que si tiene unas relaciones demasiado largas, que si no encaja con la filosofía del coche… Con estos pensamientos sobrevolando mi mente casi se me olvida la ilusión y las ganas que tenía de conducirlo por las carreteras por las que habitualmente transito.

Antes de contaros cómo va, vamos a repasar las principales características de diseño y equipamiento del BRZ. Este coche luce mucho mejor en persona que en fotografías y el color Azul Mica WR, exclusivo del Subaru –recuerda que tiene un ‘hermano gemelo’, el Toyota GT86, que entre otros colores, se ofrece con un naranja no disponible para el BRZ-, hace que sea un coche realmente llamativo. Es bajo y ancho -1,28 y 1,77 metros, respectivamente-, con un morro alargado y una trasera dominada por las generosas salidas de escape y el alerón sobre el maletero.

Prueba BRZ trasera escapes y alerón

Personalmente me gusta más el frontal del Subaru BRZ que el del GT86. Tiene más carácter y no es tan agresivo. Además, como ya he dicho antes, el clásico azul de la marca le queda como anillo al dedo. El diseño del motor -tipo bóxer- permite que éste se sitúe muy cerca del suelo, lo que proporciona un centro de gravedad muy bajo y, al mismo tiempo, condiciona las características estéticas del coche. Un claro ejemplo de esto sería el capó, que es tan bajito que los pasos de rueda sobresalen como las jorobas de un camello y contribuyen a transmitir una imagen musculosa –además te sirven como punto de referencia cuando enlazas curvas, ya que es más fácil saber por dónde pasarán las ruedas delanteras-.

Para acceder al habitáculo tienes que dejarte caer sobre los fantásticos asientos delanteros –sólo podemos decir eso de las plazas delanteras, ya que en las traseras mejor no lleves a ningún adulto, a no ser que no te caiga muy bien-. La amplia regulación de los mismos te permitirá acoplarte con facilidad. En seguida te encontrarás cómodo y listo para comenzar a divertirte. Todos los elementos de mando quedan muy a mano y la calidad de los materiales empleados está en la línea de los productos de la marca. De hecho, no se oía ningún tipo de crujido o traqueteo en el interior, algo que dice mucho sobre la sólida construcción del Subaru BRZ de la prueba, a pesar de que ya contaba con un buen puñado de kilómetros y del duro trato recibido.

Prueba BRZ interior

En cuanto al equipamiento, nuestra unidad contaba con el acabado Premium, que incluye de serie todo lo que puedas necesitar: asientos calefactables tapizados en cuero y Alcantara, climatizador bizona, retrovisores plegables eléctricamente, control de velocidad de crucero, pedales de aluminio, entrada auxiliar de audio y USB, sistema de arranque por botón o las levas en el volante para manejar la caja de cambios. Hay que tener en cuenta que si optas por la caja automática tendrás que asumir un sobrecoste de 2.500 euros sobre el precio base del coche, lo que dejaría la factura final en 34.900 euros.

Llegó el momento de arrancar y poner rumbo a una de mis carreteras de montaña favoritas. Desde los primeros metros, el BRZ deja clara su condición de deportivo ligero –pesa 1.314 Kg-. Las suspensiones son duras, pero no incómodas, la dirección es rápida y directa y la respuesta del motor, como buen atmosférico, es instantánea –aunque debes recordar que no es muy potente-. Este propulsor de cuatro cilindros 2.0 bóxer es muy agradable de utilizar y suena muy bien. Entrega una potencia máxima de 200 CV a 7.000 revoluciones por minuto mientras que la cifra de par motor es más modesta, 205 Nm entre 6.400 y 6.600 rpm. Esta forma de entregar la potencia hace que sea necesario ‘estirar’ las marchas para obtener la máxima aceleración posible, algo que personalmente me gusta, pues involucra más al conductor –aunque con el cambio en modo automático tan sólo deberás preocuparse por pisar el acelerador-.

Foto dinámica Prueba BRZ

Los desplazamientos por autopista a bordo del Subaru BRZ son agradables y es ahí cuando se agradece la presencia de una sexta –y quinta- velocidad realmente larga que permite que el motor gire muy bajo de vueltas a velocidades de crucero. Gracias a esto también logra unos consumos sorprendentes: el gasto medio de combustible durante la prueba, tras muchas aceleraciones a fondo, ascendió a 8,5 l/100 km, aunque rodando a velocidades constantes no es raro ver un gasto inferior a 6,8 l/100 Km.

Desde que tomas la primera curva percibes la facilidad con la que cambia de dirección. La capacidad de agarre es muy elevada, el bajo centro de gravedad y las suspensiones enérgicas hacen que sea una auténtica gozada enlazar curvas con él. El cambio automático es asombrosamente rápido y obediente a las peticiones del conductor, que puede ordenar los cambios bien desde la palanca o bien desde las levas situadas tras el volante. Y para completar un conjunto redondo, dispone de un diferencial Torsen de deslizamiento limitado que te permitirá, entre otras cosas, abrir ‘gas’ antes de tiempo en la salida de las curvas y realizar controladas cruzadas –en circuito-.

Prueba Subaru BRZ en movimiento

Como habrás podido comprobar, el Subaru BRZ de la prueba me ha encantado. Vale, puede que la caja de cambios automática tenga unas relaciones demasiado largas para una conducción deportiva, pero por otro lado permiten que en el día a día obtengas unos consumos muy contenidos. Es un coche para apasionados del motor que hará que disfrutes de todos y cada uno de tus desplazamientos. De hecho, durante el tiempo que estuvo en mi poder, cualquier excusa era buena para salir a dar una vuelta.

Lo mejor
-Capacidades dinámicas
-Precio
-Estética

Lo peor
-Plazas traseras
-Par motor escaso
-Depósito de combustible pequeño

Ficha técnica Subaru BRZ
Motor Cilindrada 1.998 cc
Cilindros 4 – Boxer
Potencia Máxima 200 CV / 7.000 rpm
Par Máximo 205 Nm / 6.400-6.600 rpm
Transmisión Caja de Cambios Automático, 6 velocidades
Tracción Trasera
Suspensión Delantera Tipo McPherson / Resorte helicoidal/ Barra estabilizadora
Trasera Paralelogramo deformable / Resorte helicoidal/ Barra estabilizadora
Dimensiones Longitud 4.240 mm
Anchura 1.775 mm
Altura 1.285 mm
Distancia entre Ejes 2.570 mm
Alimentación Tipo de Alimentación Inyección mixta directa/indirecta
Peso Peso 1.337 kg
Prestaciones Velocidad Máxima 210 km/h
Aceleración 0-100 Km/h 8,2 seg
Consumos Urbano 9,6 l/100 km
Extraurbano 5,7 l/100 km
Combinado 7,1 l/100 km
Emisiones Emisión CO2 164 g/km
Precio Precio Oficial 34.900 euros

Texto: Nacho de Haro
Fotos: Anul Oidual

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