prueba maserati ghibli s q4

PRUEBA: Maserati Ghibli S Q4

Nos ponemos a los mandos del Maserati S Q4, la versión tope de gama de la berlina italiana. Sus prestaciones, su sonido y su inconfundible diseño italiano, son los elementos distintivos que más llaman la atención. ¿Quién quiere una aburrida berlina alemana pudiendo disfrutar de esta pasión desbordante?

Ghibli es un viento que viene desde el Sahara y que llega a alcanzar velocidades de huracán a su paso por el norte de África y el sur de Europa. Es la denominación en árabe del más comúnmente conocido Sirocco. Pero Ghibli, además de un virulento soplido de aire desértico, es un Maserati. Quizá a muchos les suene a nuevo, pero en realidad esta es la tercera vez que la firma italiana utiliza este nombre para uno de sus modelos.

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La primera fue en el año 1967, cuando salió a la luz el Maserati Ghibli I, un coupé de dos puertas con una preciosa carrocería tipo fastback dibujada por Giorgetto Giugiaro, que escondía en sus entrañas un motor V8 y cuya pretensión era rivalizar con el Ferrari Daytona de aquella época; la segunda vez que escuchamos este nombre fue el año 1992, con la llegada del Ghibli II, otro coupé de dos puertas, muy al estilo de los diseños noventeros de la firma italiana. En estas fechas, Maserati estaba en manos de De Tomaso y casi podríamos decir que apostaba por la tendencia downsizing cuando ni siquiera se había oído hablar de este término. El segundo Ghibli, lejos de las grandes cilindradas, recurría a un motor 2.0 biturbo que rendía una potencia superior a los 300 CV y que le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 5,6 segundos. Eso sí, era un V6, que nadie vaya a pensar que era como los motores de ahora, cada vez más raquíticos en número de cilindros.

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Y así hasta hoy, momento en el que la firma del tridente vuelve a sacar del baúl la denominación Ghibli, para desenpolvarla de nuevo y aplicarla a un modelo muy importante. Esta vez no es un coupé de corte deportivo, sino una berlina de cuatro puertas posicionada por debajo del Quattroporte, que tiene por misión mejorar la facturación de la marca. Un coche proyectado para hacer buenos volúmenes de ventas, que trata de atraer a un público diferente al habitual y que cuenta con una serie de novedades nunca antes vistas en un Maserati, como es la posibilidad de montar un motor diésel. ¡Qué sacrilegio! Pensarán algunos. En fin, eso mismo decían muchos cuando Porsche lanzó al mercado berlinas, todocaminos y motores de gasóleo… y a estas alturas ya nadie se echa las manos a la cabeza. Bienvenidos sean los Panamera, Cayenne y demás si esto sirve para podamos seguir disfrutando del magnífico 911. Y es que está demostrado que a base de coches pasionales no vive una marca. Por ello Maserati ha decidido abrir el abanico con el Ghibli, como parte de una decisión empresarial que, si todo va bien, debería servir para sanear las cuentas.

Prueba Maserati Ghibli S Q4

En cualquier caso, lo que hoy tenemos entre manos no es precisamente una versión aburrida del Maserati Ghibli actual. Más bien todo lo contrario. Nos ponemos a los mandos del S Q4, es decir, la cúspide de la gama, que esconde bajo el capó un potente motor de gasolina asociado a un sistema de tracción integral y a un cambio automático de ocho velocidades con grandes levas tras el volante para su manejo en modo secuencial.

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Lo primero que analizamos es la mecánica. Acostumbrados a los pasionales V8 de los Gran Turismo, Gran Cabrio y demás, pensamos que el V6 quizá no esté a la altura. Pero no, nada más lejos de la realidad. Con 3 litros de cilindrada, sobrealimentación biturbo y una potencia máxima de 410 CV, este propulsor no sólo ofrece unas prestaciones espectaculares (mejora incluso algunos registros del Gran Turismo Sport V8 de 460 CV) sino que suena como una auténtica bestia. Esto último es importante, porque todo Maserati de cualquier época ha logrado poner los pelos de punta con la música que emanan sus escapes. Y este no iba a ser menos. El momento de arrancar, igual que cuando hacemos girar el motor a bajas vueltas o cuando cambiamos de marchas, se convierte en algo adictivo. Suena a verdadera gloria, algo fundamental en un coche que pretende dar la nota allá por donde pase. Porque no nos engañemos, al cliente de Maserati le gusta que le miren, que la gente gire la cabeza y comente a su paso. Es, por lo general, una persona hedonista, que quiere presumir de montura. Al fin y al cabo, se suele decir que el coche refleja en cierta medida la personalidad de su dueño y, con el Ghibli, probablemente esta idea se lleve al extremo.

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Capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos y de transmitir toda la potencia y el par al suelo gracias a la tracción integral, el S Q4 obtiene un sobresaliente en prestaciones puras. Una nota que no podemos darle en lo que tiene que ver con el apartado dinámico, donde se tiene que conformar con un notable escaso. Hay que tener en cuenta que, aunque es el modelo más pequeño de la gama, no deja de ser una buena barcaza que casi calca las cotas de un Porsche Panamera -pero no su agilidad-. Mide 4,97 metros de longitud y tiene una batalla de 2,99 metros, es decir, mucho. En recta va muy aplomado, pero en curva le falta precisión, culpa de sus dos toneladas de peso, de una suspensión que quizá no tenga una puesta a punto perfecta y de una dirección sólo correcta, que, por cierto, se gobierna mediante un volante que llama la atención por sus grandes proporciones. Por un momento nos hemos sentido como Juan Manuel Fangio cuando pilotaba su Maserati 250F de Formula 1, allá por los años 50, que había de girar un volante tamaño paellera para afrontar las curvas en los Grandes Premios.

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El toque italiano

El Ghibli tiene un sabor italiano inconfundible. Su motor lo deja bien claro, pero su interior, también. Cuando accedemos al habitáculo vemos un diseño sencillo y limpio, con muchas zonas acolchadas y pieles nobles por doquier (en puertas, consola, salpicadero, asientos…) e incluso materiales que imitan al carbono en el túnel central o la zona del cambio. En la parte central aparece una pantalla que permite manejar absolutamente todas las funciones de forma táctil, mientras entre los relojes analógicos contamos con otra pantalla más pequeña que ofrece información esquemática de: velocímetro, navegación, par, tracción, consumos, ordenador de viaje o sistema de audio, entre otros. En el túnel central, junto al selector del cambio, figuran los botones del ESP, del modo manual del cambio, de los modos de suspensión, del modo Sport y del ICE (Increased Control & Efficiency), esto es, el sistema que permite llevar a cabo una conducción eficiente.

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Algo que echamos de menos en el interior es una mayor habitabilidad. Resulta curioso ver cómo un modelo que roza los cinco metros de longitud y tres de batalla, ofrece cierta sensación de ahogo a los pasajeros que viajan en las plazas traseras. El aprovechamiento del espacio no es, desde luego, una de sus mejores armas. En este sentido debería echar un ojo a la competencia de berlinas premium, que en muchos casos ha sabido resolver mejor este apartado.

¿Vale lo que cuesta?

La pregunta del millón. Es imposible no hacérsela. Y es que, a pesar de ser el modelo de acceso a la gama, el Maserati Ghibli S Q4 de esta prueba no es precisamente un coche barato. Y menos en esta versión tope de gama, que se acerca a los 100.000 euros (97.010 para ser exactos). Desde luego, si atendemos exclusivamente a los materiales empleados, a los remates de las piezas, a la insonorización, a detalles del tipo de la solidez con la que cierran las puertas o incluso a las maneras sobre el asfalto, lo cierto es que podríamos decir sin miedo a equivocarnos que alguna que otra berlina alemana de tamaño similar es capaz de hilar más fino en todos estos apartados. Pero también hemos de reconocer que el Ghibli tiene alma, y esto es algo que sólo unos elegidos poseen. Realmente el quid de la cuestión está en la exclusividad. ¿Cuántos BMW, Mercedes, Audi o Porsche vemos por las calles? ¿Y cuántos Maserati? Quizá el cliente potencial de este coche busque, por encima de todo, diseño y distinción. En ese caso, puede ser una buena apuesta.

prueba Ghibli S Q4

Prueba: Jorge Arenas
Fotos: Álex Aguilar

Ficha técnica Maserati Ghibli S Q4
Motor Cilindrada 2.979 cc
Cilindros 6 en V
Potencia Máxima 410 CV / 5500 rpm
Par Máximo 550 Nm / 1.750 – 5.000 rpm
Transmisión Caja de Cambios Automática, 8 velocidades
Tracción Integral
Suspensión Delantera Paralelogramo deformable /Resorte helicoidal
Trasera Paralelogramo deformable /Resorte helicoidal
Dimensiones Longitud 4.971 mm
Anchura 1.945 mm
Altura 1.461 mm
Distancia entre Ejes 2.998 mm
Alimentación Tipo de Alimentación Inyección directa, turbo, intercooler
Peso Peso 1.945 kg
Prestaciones Velocidad Máxima 284 km/h
Aceleración 0-100 km/h 4,8 seg
Consumos Urbano 15,8 l/100 km
Extraurbano 7,6 l/100 km
Combinado 10,5 l/100 km
Emisiones Emisión CO2 246 g/km
Precio Precio Oficial 97.010 euros

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