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PRUEBA: BMW X4 xDrive30d

Ya he tenido oportunidad de ponerme al volante del quinto y último miembro en llegar de la familia X de BMW. En este caso, he puesto a prueba el BMW X4 xDrive30d, la versión turbodiésel que se sitúa en el nivel intermedio. Está disponible desde 60.400 euros.

Durante la presentación nacional a la prensa del nuevo BMW X4, he tenido ocasión de probar el X4 xDrive30d, la versión equipada con el conocido y potente motor turbodiésel de seis cilindros en línea y 258 CV de BMW. Asociado a este propulsor, el nuevo modelo no sólo obtiene unas prestaciones brillantes -acelera de cero a 100 km/h en 5,8 segundos-, también consume muy poco combustible para lo que es capaz de ofrecer.

Los kilómetros que he realizado durante la prueba del BMW X4 xDrive30d me han servido para corroborar lo que uno espera cuando mira a este SUV: su comportamiento es tan deportivo como parece. Sin embargo, como es un todocamino y a pesar de su imagen decididamente más dinámica que la de su hermano de sangre, el BMW X3, no por ello prescinde de un habitáculo práctico y lo suficientemente espacioso como para acoger a cinco ocupantes y su respectivo equipaje.

Estéticamente, el BMW X4 de la prueba, acabado en color rojo y con el paquete deportivo M, luce una imagen más dinámica y deportiva que la del modelo del que deriva, sobre todo si nos centramos en la vista del perfil y de la zaga del vehículo. Y es que la principal diferencia la encontramos ahí, con un techo que alcanza su punto más alto justo detrás del asiento del conductor, momento en el que empieza a caer de manera pronunciada hasta llegar al maletero, condicionando de esta manera el diseño de la zaga.

Ya te contamos en nuestro primer contacto con el X4 que al sentarnos en las plazas traseras, esa característica línea del techo no se traducía necesariamente en un espacio angosto y con poca altura. Y es que, aunque resulta 3,6 centímetros más bajo que el X3, tanto la banqueta posterior como los asientos delanteros están situados más cerca del suelo que en su hermano de gama -2,8 y 2 centímetros, respectivamente-. El maletero, de formas regulares y con portón de apertura eléctrica de serie, tiene 500 litros de capacidad.

Todos los BMW X4 equipan una suspensión con reglaje deportivo, tracción inteligente xDrive y cambio automático Steptronic de ocho relaciones, a excepción de la versión de acceso diésel, que monta de serie un cambio manual. La oferta mecánica es amplia con un total de seis propulsores diferentes, tres de gasolina y tres diésel, con potencias que van desde los 184 CV del xDrive20i hasta los 313 CV del xDrive35d.

En cuanto al equipamiento todas las versiones montan de serie climatizador dual, dirección deportiva variable, control de crucero con función de frenado, sensores de lluvia y de iluminación, llantas de aleación de 17 pulgadas para los motores de cuatro cilindros y de 18 para los de seis, volante multifunción con levas de cambio -siempre que monte cambio automático- o el sistema multimedia con pantalla de 6,5 pulgadas, entre otros.

Pero lo que quería averiguar con la prueba del X4 es si esa apariencia deportiva es sólo fachada, o verdaderamente tiene un comportamiento más dinámico que el modelo con el que comparte plataforma y motorizaciones. La respuesta es afirmativa, este SUV -o SAC, como lo llama la marca, de ‘Sport Active Coupé’– transmite unas sensaciones un punto más dinámicas.

De hecho, estoy convencido de que si te tapasen lo ojos y no supieses en qué coche estás subido, no adivinarías nunca que estás en un todocamino, pues la carrocería no balancea en absoluto y el coche casi transmite las mismas sensaciones que podríamos esperar de una berlina. Las suspensiones, aunque rígidas, filtran a la perfección las irregularidades de la calzada, y eso que la unidad del BMW X4 que pude probar montaba el paquete M con llantas de generosas dimensiones -19 pulgadas-.

Eso sí, que mis palabras no te confundan. Cuando digo que el BMW X4 xDrive30d tiene un comportamiento deportivo, me refiero a que es deportivo comparado con un SUV, no que se comporte igual que un BMW Z4 -por no salirnos de la marca-. ¿Tiene sentido entonces un coche como éste? Pues en realidad no mucho, ya que es menos práctico y más caro que el BMW X3, pero mi opinión choca frontalmente con las más de 250.000 unidades que se han vendido de la generación anterior de su hermano mayor, el BMW X6.

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1 comentario

  1. Luis Fernando

    hay que verlo en persona, el perfil se aprecia un tanto regordete, me gustan los bmw, no se si en este dieron en el punto con el diseño, el tiempo y sobretodo las ventas lo diran

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