PRUEBA: BMW 218d Active Tourer

PRUEBA: BMW 218d Active Tourer

Aquí tienes la prueba del BMW 218d Active Tourer, que ya está disponible por 30.300 euros. Nos ponemos al volante de la versión más equilibrada de la gama del primer monovolumen de la marca alemana, que también es el primer modelo de su historia que tiene el motor en posición delantera transversal y tracción al eje delantero.

El Serie 2 Active Tourer es el primer monovolumen fabricado por BMW y su primer modelo con tracción delantera. Con tanta novedad, estábamos deseosos por ponernos al volante de este vehículo para saber si, a pesar de ser un producto totalmente diferente a lo que hasta ahora fabricaba la marca, mantiene su esencia y buen comportamiento dinámico. Por ello, nos decidimos por probar el BMW 218d Active Tourer, la versión diésel de acceso a la gama con 150 CV -más adelante llegará un motor menos potente-.

El principal rival del 218d Active Tourer que probamos es el Clase B de Mercedes-Benz (PRUEBA Mercedes Clase B 200 CDI), hasta ahora el único monovolumen ‘premium’ del mercado. El modelo de la estrella es ligeramente más grande -4,35 m frente a 4,34- y tiene un maletero con algo más de capacidad -488 litros, mientras que el BMW tiene 468 litros-. Sin embargo, en cualquiera de los dos es posible desplazar la banqueta de la segunda fila longitudinalmente -de serie en el BMW y opcional en el Mercedes-, por lo que la capacidad de carga aumenta significativamente.

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Aunque el BMW Serie 2 Active Tourer que probamos es un vehículo que debuta en un segmento nuevo para la marca, han conseguido incorporar en él los principales rasgos de diseño del fabricante germano. Nos referimos a la característica parrilla delantera, a los cortos voladizos, a la forma de las ventanillas -con el ángulo ‘Hofmeister’ en las posteriores- o los pilotos traseros en forma de ‘L’.

Pero centrémonos en la prueba del BMW 218d Active Tourer Luxury , el acabado más completo y lujoso de cuantos hay disponibles -supone un sobrecoste de 4.900 euros sobre el modelo base-. Su equipamiento es muy completo e incluye elementos como la tapicería de cuero Dakota, calefacción para los asientos delanteros, llantas de aleación ligera de 17″exclusivas, control de crucero, faros LED, control de distancia de aparcamiento trasero, faros antiniebla, sensor de luminosidad y de lluvia o maletero de accionamiento eléctrico, entre otros.

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Uno de los aspectos más importantes en un monovolumen es su habitabilidad y este Serie 2 Active Tourer no decepciona. Los asientos de todas las plazas destacan por su comodidad y es fácil acceder a todos ellos. La banqueta trasera se puede regular longitudinalmente en 13 centímetros y su respaldo se puede variar en inclinación y abatir en proporción 40:20:40, en cuyo caso la capacidad de carga alcanza los 1.510 litros -el asiento del copiloto también se puede abatir por completo-.

El BMW 218d Active Tourer de la prueba está equipado con un motor turbodiésel de cuatro cilindros en línea colocado en posición transversal. Ofrece una buena respuesta en todo momento gracias a los 150 CV de potencia y 330 Nm de par que entrega y puede estar asociado a un cambio manual de seis relaciones -de serie- o a uno automático de ocho velocidades -opcional por 2.395 euros o por 2.567 euros el deportivo-. El consumo medio combinado con esta motorización es de entre 4,1 y 4,3 l/100km.

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Desplazarse a bordo del BMW Serie 2 Active Tourer es muy agradable debido a su confortable habitáculo -con unos asientos elevados y un espacio abundante- y a su buen tarado de suspensiones. Es firme y balancea poco en la curvas, pero en ningún momento resulta incómodo, más bien lo contrario, como un buen monovolumen. La dirección es más precisa de lo habitual en este tipo de vehículos.

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El motor de 2.0 litros turbodiésel tiene una respuesta muy lineal y responde de manera contundente desde la parte baja del cuentarrevoluciones. La caja de cambios manual tiene un tacto preciso y es mucho más suave de manejar que en el resto de modelos de la marca. Además, al igual que en el MINI 2014 (Prueba MINI Cooper 2014), se sincronizan automáticamente las revoluciones del motor con la velocidad a la que está girando la transmisión, por lo que las reducciones siempre son muy suaves.

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En definitiva, con el BMW Serie 2 Active Tourer la marca se adentra en un nuevo segmento. Lo hace con un producto que, aunque supone una ruptura con la tradición de la firma por sus características técnicas, es en beneficio del consumidor de este tipo de vehículos. Veremos qué tal aceptación tiene en el mercado y si la nueva estrategia de equipamiento, con paquetes cerrados -aunque también tiene opciones disponibles- da resultados.

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